Las cosas no van tan bien como parece

23/09/2013

M. L. Wall Street parece haberse topado con una resistencia mental infranqueable: las cosas no están tan bien como parece. Y hoy ha sido ratificado al menos por tres fuentes...

Hace meses que mantengo que la economía estadounidense, convenientemente dopada por una liquidez irracional, no está para máximos históricos en los mercados de valores. Pero la Bolsa es soberana y hace lo que le da la gana… hasta que se topa con la evidencia.

Es en ese momento cuando llegan las dudas y si al sentimiento dubitativo se le une alguna noticia negativa, tenemos servido el menú perfecto para un ataque de nervios. Pues bien, hoy nos han dado menú del día.

Y es que en Wall Street andan con la mosca detrás de la oreja con el enfrentamiento cada día más beligerante entre la Casa Blanca y la Cámara de Representantes. Fruto de ello fue el «sequester», fruto de ello es el presupuesto aprobado en la Cámara y fruto de ello es la negativa de Obama a negociar con los republicanos sobre el techo de deuda.

¿Es nuevo? En absoluto. El enfrentamiento viene de largo y ambas partes han sido incapaces de dar un solo paso en pos del acuerdo desde los tiempos en los que el «sequester» parecía que iba a ser el fin del mundo. Pero a los mercados les preocupa ahora y no precisamente por el presupuesto, sino por el techo de deuda.

Un retraso en la ampliación del techo de deuda le supuso a Estados Unidos una bajada del rating que sentó como un tiro a todo el mundo y en especial a los mercados. Y si ahora no hay acuerdo, ningún acuerdo, no se va a modificar el techo de deuda. Si en las ocasiones anteriores se supuso que Estados Unidos podría haber entrado en «default», ¿es ahora distinta la situación? Radicalmente, no. Ahí tenemos el problema planteado en toda su crudeza.

Pero es que al mismo tiempo se desvanecen las esperanzas de que el tinglado económico esté avanzando realmente a la velocidad que ha venido diciendo la frágil estadística americana. Desde la Fed se han alzado voces en la jornada de hoy que ponen en entredicho que la cacareada mejora del mercado laboral sea tal y que aseguran que queda mucho camino por recorrer para decir que se ha superado la crisis.

Por si fuera poco, el PMI industrial (indicador que mide la actividad del sector industrial y elabora una empresa independiente, Markit) ha caído en septiembre por segundo mes consecutivo, poniendo de nuevo en la picota los datos y análisis excesivamente triunfalistas.

¿Y la tercera fuente? Permítanme que me ponga de pie para citar al archifamoso Nouriel Roubini, el economista que predijo el hundimiento del mercado en 2008 un poco después que yo (a mis artículos en ABC por esa época me remito). Este caballero ha dicho literalmente que no ve recorrido alcista al oro, pero se ha mostrado optimista respecto a las bolsas estadounidense y japonesa.

Dado que el porcentaje de aciertos de Roubini desde que la casualidad de coincidir sus vaticinios más o menos en las fechas oportunas para lanzarse al estrellato es lamentable, creo que este vaticinio puede pesar como una losa sobre el mercado.

Desde que en marzo de 2009 comenzó la recuperación de los mercados de valores, Roubini ha venido alertando periódicamente del inminente cataclismo, del hundimiento definitivo, de las famosas uves dobles y no sé cuantas cosas más. Ahora cambia el sesgo y me preocupa realmente porque sus cualidades como gurú parece que quedaron agotadas en 2008.

En fin, que será lo que tenga que ser, pero no parece que estén las cosas al otro lado del Atlántico para mucha floritura, aunque ya saben que esas cosas de sentimiento cambian de un día para otro, de una hora para otra, y de un minuto para otro. Hoy, con el sentimiento actual, ni una subida del 5% en Apple ha sido capaz de catapultar al mercado hacia arriba…

Al cierre, el Dow Jones perdió un 0,32%, el S&P 500 un 0,47% y el Nasdaq Composite un 0,25%. Y es que las cosas no van tan bien como parece o eso parece intuir el mercado.

 

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