Debe ser por esta selectiva política de austeridad que el Gobierno no ha presentado en el circo Price, con el espectáculo de luz y color que sin duda merecían, los Presupuestos de 2014. Al grito de ‘ahora sí que sí’, el inefable ministro Montoro se ha sacado de la chistera esas cuentas de la recuperación que procurarán a los ciudadanos no sólo una mejora económica sino, a poco que se apliquen, la felicidad plena. No lo ha dicho así por mantener su reputación de severo tecnócrata, pero su cuerpo le pedía haber salido con chaquetilla de lentejuelas y maracas a anunciar la buena nueva. De momento el año que viene no habrá subida de impuestos. Sólo por esto don Cristóbal debería haber sido sacado a hombros por los jardines de Moncloa. Qué más da que en cuanto llegó Rajoy a la Presidencia, en estricto cumplimiento de su promesa electoral, crujiera a la ciudadanía con estacazos en el IRPF y el IVA, más sangrante aún por afectar a todos por igual. Impuestillos a la mar.
Lo que ahora cuenta es el fulgor de la esperanza en el futuro que, pese a los antipatriotas, agoreros, radicales y demás chusma, avanza imparable. Así lo pregona el jefe del Ejecutivo ya sea en niuyor o Kazajistán. No importa que sea mentira, sólo importa que se sepa. Pues falso es, por lo menos en su consecuencia final, es decir en la afectación que tiene para los ciudadanos, que el presumible mantenimiento de las cargas tributarias mejore la situación económica doméstica. Simplemente porque, aunque sea por cauces diferentes, lo que no te quitan vía fisco te lo quitan vía salario. Y eso a quien lo tenga. Y no lo dice este humilde plumilla ni ningún movimiento asambleario del 15-M.
Lo dice en su último informe el Banco de España que no es nada sospechoso, si no en general, sí en que no se trata de una institución ultraizquierdista. Para la entidad emisora que se dice el logro más destacable de la reforma laboral ha sido mermar las nóminas. A su vez, esta pérdida de poder adquisitivo ha sido artífice de la moderación en la destrucción de empleo. Con un ejemplo sencillo igual me entero hasta yo: si en 2014 no me suben más impuestos pero mi salario se encoge aún más, que ya ha sido bastante por cierto, mi economía no mejorará. Como mucho lo comido por servido y eso con suerte. Vamos, que igual me da que me da lo mismo que me cobren cien euros más en impuestos o que me los quiten del jornal. El caso es que no cuento con ellos.
Por si fuera poco, y pese a que se aconseje no mirar al pasado, por el camino de esta recuperación de chichinabo queda todo un rosario de atropellos sociales que, mucho es de temer, serán irreversibles. Que haya niños que comen malamente, como evidencian los galopantes casos de malnutrición infantil, que se quedan sin ayudas a los libros de texto, universitarios que suplican a sus profesores unas décimas de subida en la nota para no perder la beca, enfermos graves que deben costear parte de sus caros medicamentos, parados con más trienios de los que han tenido de vida laboral o pensionistas que van a perder más poder adquisitivo pese a que esa línea roja nunca se iba a rebasar son solo, por desgracia, algunos ejemplos de entre muchos más de la recuperación de la que habla Montoro. De lo que no se recupera uno es de tener que aguantar tanto desahogo. Eso sí, se ha subido dos décimas la previsión de PIB para el año que viene. Todo habrá merecido la pena.
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