La situación en España cada vez es más dramática y los intereses del Gobierno se alejan cada vez más de las necesidades del común de sus gobernados. No es descubrir nada el apuntar que cada vez son más los españoles que viven en una situación si no desesperada, al menos dramática y las medidas que adopta la administración sólo hacen que acentuar este malestar generalizado.
Una vez más hay que apelar a la divergencia de la España oficial y la España real. La primera parece responder al “que se jodan” que pronunció una diputada castellonense. Si aquello fue un improperio recogido por los micrófonos del Congreso no lo es tanto las acusaciones de terroristas o filoetarras que no dudan en pronunciar diferentes dirigentes para descalificar a todo aquel que protesta por sus medidas.
En cambio hay otra España que, lejos de moquetas y palacios, lucha para ayudar a la subsistencia de miles de ciudadanos, bien sea luchando para que puedan dormir bajo techo, para que los niños puedan comer caliente o para ayudar a las familias en paro a que puedan subsistir. También hay que contar con la solidaridad del entorno familiar amplio que con frecuencia hace enormes esfuerzos para repartir sus miserias. Estos colectivos son los que realmente están tratando de sacar adelante el país de una forma silenciosa y con frecuencia anónima. Son las empresas que ofrecen sus excedentes a las organizaciones sociales, los familiares que aceptan compartir el sueldo de quien trabaja con los allegados que hace tiempo que están en el paro, son los médicos que aceptan visitar a los sin papeles de manera altruista, son los asistentes sociales que atienden a tantas personas de la tercera edad que han de subsistir de la caridad pública….
Son todos estos colectivos los que luchan para que miles de personas puedan mantener una cierta dignidad y no los dirigentes que no se les caen los anillos al aprobar recortes que no hacen otra cosa que enviar a la miseria a cada vez más ciudadanos. Son estos grupos los que luchan para sacar la España de los ciudadanos adelante y son ellos los que nunca podrán mandar por qué ni se les ocurre presentarse a las elecciones. Les basta ejercer la solidaridad y tener como recompensa la satisfacción del deber cumplido.
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