Había despertado como cada mañana. Se había vestido, tomado el café lleno de prisas y salido de casa dando un enorme portazo. En el metro todo le resultaba extraño, la gente iba vestida de la misma forma: camiseta azul y pantalones negros. Todas y cada una de las personas llevaban la mirada fija en un dispositivo con las mismas dimensiones de un teléfono móvil, pues cabía en una mano , pero que se intuía flexible.
Todos esperaban el metro. Al borde del anden. El metro llegó con una enorme luz extraña y azul. Nuestro amigo subió a él, casi empujado por esa gente vestida de azul y negro. Era el único sin vestir de aquella manera. Al minuto y medio había llegado a su parada, normalmente solía tardar 10 minutos. No podía creerlo. Bajó dudando del metro, cuando se abrieron las puertas, que más tarde pudo apreciar que no era puertas, sino láminas casi transparentes. Aquel metro había ido a la velocidad de la luz, siendo el metro en vez de un metro en sí, luz propia.
Caminaba muy perdido, la gente vestía del mismo modo, de azul y pantalones negros, también en su zona de trabajo. Sintió un pinchazo en el estómago. Empezó a sudarle la frente, las manos comenzaron a temblarle. No sabía qué estaba sucediendo, él había despertado como cada día hacía, pero al parecer había dormido 2000 años. Sí, dos mil años. Nuestro amigo tuvo un sueño de 2000 años, y lo más increíble es que no había envejecido ni un solo año. Seguía teniendo la edad de 30 años.
Buscaba un quiosco de prensa. No había. Los coches ya no circulaban por abajo, por la carretera, sino por arriba, en el aire. Los coches eran una especie de cohetes espaciales muy finos y llenos de luz. Por donde él caminaba había asfalto. Las tiendas no eran tiendas, sino comercios abiertos completamente, sin puertas, donde tú entrabas y cogías los alimentos que querías, o los productos que deseabas, y luego, con esa especie de móviles flexibles realizabas el pago mediante créditos. El dinero no existía, solo los créditos.
Nuestro amigo sintió un vértigo increíble. Se arrodilló en la acera y comenzó a llorar de impotencia. Alguien se acercó. Era una persona, emitía una especie de brillo en la piel. Le preguntó si le ocurría algo. Y nuestro amigo le preguntó qué día era hoy, qué día de mes y de año. Y aquella persona de luz le respondió que era el día 10 de Enero de 4013. Habían transcurrido 2000 años, se dice pronto. Esta persona de luz puso frente a sus ojos ese teléfono móvil que el no sabía reconocer. Era una pantalla de plástico flexible donde se podía hacer todo. Desde conectar con una persona de forma instantánea mediante imagen y voz, hasta consultar las últimas noticias, el tiempo, cualquier información de Internet en tiempo real, pagar sus compras mediante esos créditos, que se conseguían trabajando. El trabajo seguía existiendo en el año 4000 y se sorprendió. Pero ahora se trabajaba menos horas, todo había cambiado. La raza humana había evolucionado. Y de forma brutal.
Nuestro amigo contó a esta persona de luz lo que le había ocurrido, que despertó y se encontró con todo esto. Y esta persona de luz le dijo que era posible. Pues en el año que él le estaba indicando (en el 2013) ocurrió un hecho: un meteorito se estrelló en la tierra causando importantes daños al planeta tierra. La materia de la que estaba compuesto ese meteorito dañó a muchas personas, a algunas les hizo mutar de personas a animales, a otras les cambió el físico, les alteró el sistema de su cuerpo, tanto, que mucha gente se hizo inmortal. Otras cayeron en un profundo sueño, su sistema nervioso se paralizó y durmieron sino por toda la eternidad, casi. Era posible que alguna gente aún estuviese dentro de ese profundo sueño.
Nuestro amigo tuvo suerte de despertar. Y gracias a ello volver a nacer en un mundo que ya no era el suyo. Era un mundo tecnológico. Donde seguía existiendo el dinero en forma de crédito, el trabajo, pero también existía la inmortalidad.
Ahora tenía que empezar a vivir. Se hizo famoso muy pronto. Aquellos nuevos humanos le trataron como si fuese un extraterrestre, siendo él un humano, habiendo nacido mucho antes que todas esas personas que ahora vivían en una tierra que fue suya hace muchos, muchos años.
“Un extraterrestre ha despertado” podía leer en enormes pantallas colocadas por la ciudad. Y la imagen de su rostro al lado. Un extraterrestre, se decía a él mismo. Se reía. Tanto tiempo, en la que era su tierra, buscando sentido a la vida, tratando de contactar con vida en Marte, y en otros planetas, sin éxito. Y ahora, de repente, él mismo era el extraterrestre.
Sin embargo nuestro amigo pronto se hizo a aquel mundo, a aquella nueva manera de vivir. Ahora tenía la inmortalidad. Naves para volar. Toda la tecnología al alcance de la palma de su mano, en aquella pantalla flexible, que podía convertir en unas gafas, doblándola, en un aparato para escanear y en un sin fin de cosas.
Era el mundo tecnológico, pero sobre todo era un mundo, donde ya nada de lo que había sido, era. Estaba solo. Todas las personas que él conoció alguna vez no estaban, o serían imposibles de localizar. Se hacía preguntas y sabía que lo mejor era no responderlas, sino empezar a vivir ya. Una vida sin muerte que ahora era posible. La eternidad. Solo esperaba no cansarse de vivir , solo deseaba que no fuese la muerte lo que nos mantuviese con ganas de vivir, a las personas.
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