Españoleando

06/10/2013

Carmela Díaz.

 “Cono aiutorio de nuestro dueno dueno Christo, dueno salbatore…”.

 Primer testimonio escrito del español.

 A la vera de un monasterio legendario, erase un hombre a una cuchara pegado, cocinando diariamente lo que le sale de los fogones, que salvo la intervención malintencionada de pérfidos duendes, suelen ser delicias asombrosas. En un sanmillanmesón cercano al Monasterio de San Millán -cuna del castellano-, ubicado en una calle estrecha, empedrada, centenaria, en la mesa del fondo -como es su costumbre-, cuatro viejos amigos degustan los platos del día, obra de tan inconmensurable chef, viandas que acompañan con un tinto de la tierra. Insuperable.

El de más edad lo hace enfundado en una sobria indumentaria, la de la experiencia. Sus acompañantes, más jóvenes, lucen otros atributos acordes a los nuevos tiempos.  Disfrutan de la sana costumbre de reunirse cada 29 de septiembre -aniversario del maestro Cervantes-, para debatir, dialogar e intercambiar pareceres. Sentados a la mesa se encuentran la conciencia de los medios generales, femeninos y deportivos. Como anfitrión, la dimensión ética del periodismo. Inicia la conversación -como es su tradición- ensalzando las virtudes de nuestra lengua.

– Más de cuatrocientos millones de hablantes nativos y casi cien más que lo practican: cerca de quinientos millones de almas de los cinco continentes se entienden gracias al español.  Tras el chino, la más hablada del mundo. Es también idioma oficial en las principales organizaciones internacionales, el segundo más estudiado y la tercera lengua más utilizada en Internet. Once de los galardonados con el  Nobel de Literatura fueron autores de habla hispana. Queda clara, pues, la dimensión y la importancia de nuestra lengua. -Tras recrearse con un largo sorbo de buen tinto, prosigue-. El poder que los medios de comunicación manejamos y la influencia que ejercemos, nos obliga a ser responsables, a usar el español con rigor, potenciando su correcto uso.

Todos asienten convencidos y la conciencia de los generalistas expone su razonamiento.

– Internet nos permite comunicarnos, informarnos y compartir opiniones a nivel global, en diferentes idiomas. La red ha derribado barreras lingüísticas. Este contacto directo con otras lenguas facilita la aparición de nuevas palabras, neologismos, anglicismos… Debemos reflexionar acerca de la utilización excesiva de extranjerismos, la mayoría procedentes del inglés. Los medios de comunicación masiva jugamos un papel clave en la difusión de las lenguas: impulsamos la convergencia lingüística.

El anfitrión  retoma la palabra.

Además de la influencia creciente de otros idiomas, la traducción técnica -incluso la científica- resulta imprescindible en una era como la contemporánea, la tecnológica, dependiente del flujo permanente de conocimientos. La sociedad de la inmediatez, constituye un factor que contribuye al empobrecimiento del español. La proliferación de las redes sociales y su restricción obligada de caracteres, supone la guinda a esta catarsis.

La dimensión ética, que gusta más de observar, analizar y advertir, escucha el interesante punto de vista que está a punto de aportar al debate la conciencia de los generales.

– Muchas irregularidades del español proceden del lenguaje periodístico. Debemos reconocerlo. Pero no todas provienen de los errores cometidos por los miembros de nuestra profesión. Por ejemplo,  la influencia que ejerce el lenguaje político sobre el periodístico es notoria. Los periodistas expandimos términos cocinados en los laboratorios partidistas y expresiones “políticamente correctas” que se sacan nuestros representantes de la chistera;  son innecesarias, porque el español ya cuenta con palabras válidas para expresar tales significados.

La dimensión ética asiente convencida mientras fija sus ojos sobre la conciencia de los medios femeninos. Se dirige hacia ella con calma, pero con la solemnidad que requiere la reflexión que va a exponer.

– Abro una revista de tendencias, o una femenina, cualquiera, y horrorizada quedo ante expresiones tales como “it girl” “must” “outfit”… ¿Es imprescindible mancillar de tal modo la lengua de Cervantes? No solo la forma es cuestionable, también el fondo.  Lejos de promocionar féminas inteligentes, luchadoras, talentosas, coherentes, triunfadoras, erre que erre con potenciar una tipología de señoras que deberían obviarse en estas décadas de mujeres independientes, profesionales y brillantes. Señoritas sin más bagaje que ésta o aquella relación sentimental; la hija, la nuera o la nieta de aquella otra que despuntó vía braguetazo. Las propias publicaciones femeninas que se autodefinen como estandarte de las mujeres, caen en contradicción permanente al promocionar reiterativamente a personajes de intelecto desconocido más allá de pescar ilustre varón o de amortizar hasta el aburrimiento genealogía. Mientras tanto, se menosprecia y excluye injustamente a miles de mujeres con mucho que contar, que se superan cada día para mejorar la disciplina que practican -cultura, ciencia, deporte, economía, investigación, labores humanitarias…

La destinataria de esta reprimenda se sonroja, aunque es bien conocedora de la razón que encierra las palabras de su compañero de mesa. Se justifica:

– El bajo nivel educativo de nuestra sociedad también se manifiesta en los medios. Publicamos lo que nos piden, que suelen ser valores negativos: implican menos esfuerzo y son fomentados por la sociedad -egoísmo, belleza, egocentrismo, materialismo, facilismo, placer, consumismo…-. Sin embargo, valores como dignidad, responsabilidad, superación, lealtad, justicia o respeto no son fáciles de transmitir. No venden.

Llegados a este punto retoma la palabra el sabio anfitrión.

– Esa influencia que ejercemos sobre la población también podemos focalizarla hacia los aspectos positivos: debemos educar en la medida de nuestras posibilidades. ¿Qué valores transmitimos -o deberíamos transmitir- desde los medios? Cuanto menos, somos cómplices de la sociedad que tenemos, no lo olvidemos.

Todos dirigen la mirada hacia el único invitado que todavía no ha participado en la sobremesa. Alguien que informa sobre algunos de los principales protagonistas del siglo XIX: los deportistas.

– El periodismo deportivo presenta debilidades, tanto desde el punto de vista lingüístico como desde otros aspectos más profundos. Convertimos la información en puro espectáculo: prima la imagen sobre el contenido, el escándalo sobre la realidad, el sensacionalismo sobre el rigor y la veracidad. Somos la prensa más ingeniosoleída y, por tanto, influenciamos en las expresiones populares e incluso en los hábitos de conducta, especialmente entre los más jóvenes; ellos son los que más deporte practican y consumen, los más sensibles a los comportamientos de sus ídolos. La obligación del profesional como comunicador es todavía mayor. El periodismo deportivo debería ser transmisor de los aspectos positivos innatos al deporte, como la sana competitividad, la cultura del esfuerzo, la solidaridad, el compañerismo, la igualdad o el juego limpio; es decir, valores que sustentan el desarrollo de la persona y constituyen las bases para la convivencia.

El anfitrión vuelve a intervenir para sentenciar.

– Porque los valores negativos sean más vendibles ¿debemos potenciarlos? Porque las redes sociales restrinjan la grandeza del idioma ¿debemos tolerarlo? Porque la frivolidad fagocite la esencia de noticia ¿debemos permitirlo? Asumamos nuestra responsabilidad: ser guardianes de uno de los grandes tesoros que exporta España al mundo, nuestra lengua, símbolo de identidad, icono cultural, herramienta imprescindible de comunicación a lo largo y ancho del planeta. Y sellemos esta tarde el compromiso de transmitir los valores correctos, ética y deontológicamente. Alcemos nuestras copas y brindemos por ello.

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