Son muchos los catalanes que contemplan atónitos como maneja el Gobierno la fiebre independentista. Incluso descalifican la propuesta de su representante en Catalunya Alícia Sánchez Camacho que buscaba una más que dudosa salida a la situación proponiendo un nuevo modelo de financiación (acaso la disciplinada Alicia iba por libre?).
El mismo Mariano Rajoy ha pedido al presidente catalán un “gesto de grandeza” y que rectifique. Con esta actitud o busca pescar votos en las españas o es un acto de ingenuidad tremendo. El enemigo de la unidad de España no es la persona de Artur Mas si no un gran número de catalanes. El carácter pactista del dirigente de CDC para reconducir la situación recibió una bofetada de Madrid cuando propuso el pacto fiscal y la respuesta de una gran mayoría de catalanes fue salir a la calle reclamando la independencia. No tuvo más remedio que “readaptar” su programa y liderar este movimiento y lo hizo convocando elecciones con sus nuevas propuestas dado que su compromiso con la sociedad había quedado obsoleto (no como otros que aplican unos programas que no ha votado nadie).
Muchos catalanes aceptaron su propuesta de realizar una consulta pero prefirieron votar al original que llevaba años propugnando tesis independentistas (ERC) que hacerlo con los advenedizos y el resultado fue el que fue y las encuestas apuntan que los republicanos cada vez están más fortalecidos.
Si el tándem PP-PSOE lograra defenestrar a Artur Mas no sólo no arreglarían nada si no que el conflicto se radicalizaría. En cambio cada actuación del Gobierno parece que no tenga otro objetivo que potenciar las tesis de los independentistas.
Por que el problema no es Artur Mas si no lo que actualmente defiende Artur Mas, que es lo que quieren que haga miles de catalanes que no dudan en salir a la calle reclamando la independencia (y estos datos son objetivables, no las supuestas mayorías silenciosas u otros recursos dialécticos que aparecen estos días). Si Artur Mas cayera o rectificara, se quedaría solo (o con Duran Lleida, que prácticamente es lo mismo) y otros dirigentes le suplirían con las mismos planteamientos u otros más radicales.
Plantearse que si cae Mas se acabó el problema es de una inconcebible miopía política que sólo ha contribuido a fortalecer el independentismo y que aflorasen los nostálgicos del viejo régimen. O al menos así lo ven muchos catalanes.
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