Nueva ración del espectáculo estadounidense que tiene a la economía mundial en vilo. Y a lo que se ve, también al presidente Obama, que no ha dudado en hacer una comparecencia pública para decir a los republicanos que se han pasado ya un par de pueblos.
El problema es que entre los republicanos hay quien piensa todo lo contrario y no toman en serio que sin ampliar el techo de deuda Estados Unidos no podrá hacer frente a sus facturas. O quien sí lo toma en serio pero hace de ello un arma arrojadiza contra el presidente.
Lo cierto es que ni unos ni otros han estado a la altura de las circunstancias. Y no precisamente ahora. Llevan sin estar a la altura desde que se amplió por última vez el techo de deuda. Ya entonces llegaron tarde, mal y nunca, al punto de que la deuda americana perdió el rating máximo, la ansiada triple A, para una de las agencias más destacadas.
Pero el capítulo que ahora vivimos es más grave si cabe. Ahora todos los políticos saben lo que ganaron y lo que perdieron en la ocasión anterior, así que todos aprietan al contrario en busca de mayores ventajas. A nadie parece importarle de verdad lo que ocurra, lo que quieren es que no gane el otro.
Y así pasa un día y pasa otro y en realidad no pasa nada. Y el mercado empieza a perder los nervios y tiene toda la pinta de que va a enviar un mensaje bastante nítido con su opinión al respecto del «no acuerdo». No ha habido pánico, pero si esto sigue así, lo habrá. Y si lo hay, agárrense los machos.
Al cierre, el Dow Jones se dejó un 1,07%, el S&P 500 un 1,23% y el Nasdaq Composite un 2,00%. Empieza la fiesta y estas caídas pueden ser simplemente un aviso de lo que se avecina. Mucho ojo ahí fuera, que encima comienza una nueva temporada de presentación de resultados.
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