A lo largo de mi vida me he ido encontrado con gente maravillosa, con talento y ganas de hacer cosas. Pero siempre es el mismo tema. Esa persona no puede dedicarse plenamente a hacer lo que le gusta, porque lo que le gusta aunque le llene el espíritu, no le llena la cartera, es el eterno dilema: ¿me dedico a lo que me gusta aunque muera de hambre?.
Así que tenemos a gente talentosa encerrados en la cárcel de un trabajo que les hace infelices. Son personas cuyo talento está desperdiciado durante 8 horas, lo que dura normalmente una jornada laboral.
Esa persona, si es creativa necesitará sacar su creatividad por alguna parte, su cabeza no parará de dar vueltas, mientras esté haciendo otra cosa que no sea crear. Sus ideas fluirán por su sangre, es por ello que su sangre no es como la de los demás. Es una sangre más intensa, y mas viva.
Estas personas, normalmente se tienen que conformar con hacer lo que les gusta en el tiempo libre. Luego, la mayor parte del día trabajarán en puestos de trabajo para gente cuyo único anhelo es ganar un sueldo cada fin de mes. Ellos no, a ellos el sueldo les importa una mierda. Lo ganan para vivir, pero no disfrutan del dinero de esa nómina que les encarcela. Es dinero sin más.
Sin embargo el dinero que ganan de lo que crean o inventan, es oro puro. Es un dinero que lleva su nombre. Un dinero increíble y verdadero.
Si a una persona creativa, en la rama o arte que sea, la encierras en una habitación cerrada, podrá crear mil ideas, solamente sentado sobre el suelo, mirando la habitación, las paredes blancas, los muebles si los hay. Creará un mundo donde incluso podría vivir. Podría vender ese mundo a los de ahí fuera si se lo propone.
Pero por el contrario si encierras a una persona cuya vida no usa más que para trabajar y otros hobbies que no sean inventar algo nuevo o crear cosas, esa persona se ahogará. A las pocas horas sentirá que se ahoga en ese espacio vacío. Tratará todo el rato de buscar una salida, pero no será capaz de inventarse una ventana para escapar: una ventana imaginaria.
Y es que eso le pasa a muchas personas creativas, que se sienten encerradas cuando hacen algo que no les apasiona, algo que ya está inventando y es mecánico, les asfixia. Sin embargo, si a una persona creativa le das un papel en blanco y un lápiz, y le dices: haz algo. Esa persona será la más feliz del mundo.
Es el arte lo que nos mueve al fin y al cabo, es el arte y las promesas que nos hacemos, la gente que creamos a menudo: mañana escribiré más, mañana modelaré más, mañana pintaré más. Mañana, mañana y mañana.
La gente que somos creativos vivimos del mañana, deseando que pasen las horas para que nuestra hora del “recreo” se acerque y podamos disfrutar haciendo lo que nos gusta: crear.
Y puede ser muy jodido o muy genial. Depende cómo se mire. Y sinceramente es mejor tomarse las cosas con calma, aceptar la vida como viene. Pero sobre todo hacer lo que nos gusta, ya sea las 8 horas restantes del día en que no se duerme, o la mitad de esas 8 horas, pero hacerlo. Eso es lo importante. Ser feliz el tiempo que podamos. Hacer en cada momento lo que nos apasiona, porque la pasión es la sal de la vida. Es el aire fresco que necesita un humano para vivir. Y esto solo lo podrán afirmar las personas que de una u otra forman cambian el mundo a diario, para hacer de todo esto, un mundo más bonito y mejor.
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