Los índices del Viejo Continente no perdieron el tiempo a la hora de descontar lo que Wall Street había descontado la víspera y se precipitaron a la baja en la apertura de la sesión para mantenerse en las zonas de mínimos hasta que amaneció en Estados Unidos y los líderes del Senado retomaron la negociación.
A partir de ese momento existió otra sesión y si no lo creen, miren el gráfico del Dax en barras de cinco minutos:
El amanecer americano parece que sentó bien a los mercados europeos, a pesar de que no existía nada tangible a lo que agarrarse. Sólo la idea de que volvían a sentarse a negociar y, por supuesto, el convencimiento de todos de que no serán capaces de llegar a esta noche sin un acuerdo que evite el «default» estadounidense, la rebaja del rating y el desastre económico a escala planetaria.
Y como casi siempre que toca dar la vuelta a una situación complicada, fueron los bancos los que se pusieron manos a la obra, apoyados por los buenos resultados de Bank of America, que contrarrestaban el negativo efecto causado por Citigroup en la víspera.
De esta forma, terminamos la sesión de una forma muy distinta a la que comenzó y quienes solo vean los números al cierre pueden pensar que fue coser y cantar. Pues no. Las cosas estuvieron tensas buena parte de la sesión.
Al cierre, el Dax avanzó un 0,47%, el FTSE un 0,34%, el CAC se dejó un 0,29% y el Ibex ganó un 0,75%. Una vez más el selectivo español despuntó, pero hoy se lo pusieron fácil. Fueron los bancos los que tiraron del mercado. Es lo que tiene pasar de la desazón a la pseudoeuforia. El Ibex es en estas situaciones donde se encuentra en su salsa.
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