Otra vez los Mossos

18/10/2013

Joaquín Pérez Azaústre.

Vuelven los Mossos. La escena, en El Raval. La noche del 6 de octubre, Juan Andrés Benítez fue ingresado en estado crítico en el hospital Clínic de Barcelona, tras haber sido reducido por la policía. Murió a las pocas horas, por los fuertes golpes que había recibido en varios puntos de la cabeza, que terminaron en un fallo cardíaco.

Hasta ahora, el único acusado es El Yazid, un vecino de Benítez, con el que se enfrascó en una pelea en la calle de la Aurora, donde vivía. Al parecer, Benítez había agredido a su mujer, desquiciado por el presunto robo de su perro. Se enfrascaron a golpes, pero la trifulca terminó en cuanto llegaron los Mossos, que los separaron. Fue entonces, cada uno en una esquina, al negarse a dar su documentación a una agente, y darle un empujón, cuando llegó otra patrulla. Según uno de los testigos, Benítez se revolvió y soltó una patada a una de las agentes. Entonces “comenzaron a pegarle cuatro agentes con las manos y con patadas”, mientras Benítez “gritaba sin decir nada porque le estaban pegando”. Cuando la juez que instruye el caso preguntó a otro de los testigos por qué no denunció esas agresiones en su primera declaración a la policía, el testigo respondió: “Tenía miedo. Cómo iba a explicar a unos Mossos lo que habían hecho otros Mossos. Según este mismo testigo, cuando llegó la policía tanto Benítez como El Yazid estaban bien, el primero apenas con un hilillo de sangre en la nariz. Pero otro testigo completa la información: después de la intervención de los agentes, Benítez tenía sangre “en la cara, en los brazos, en las manos y en la camiseta”, tras haber recibido una andanada de golpes en “la cabeza, en la cara y en la barriga”.

Otros testigos afirman que la paliza que le dieron los Mossos fue “muy grave”, porque duró “más de diez minutos” que se hicieron “largos, desagradables e impactantes”. El barrio está atemorizado, pero también con una indignación latente, que podría extenderse a buena parte de la sociedad barcelonesa. Ahora, Amnistía Internacional pide que un organismo independiente investigue la muerte de Benítez, que podría devenir en un asesinato con abuso de autoridad. No es el primer episodio de violencia extrema de los Mossos d’Esquadra, como podemos recordar: tanto en las protestas estudiantiles, como reprimiendo el 15-M, algunos de estos agentes son capaces de superar, con creces, el peor recuerdo de los temidos grises franquistas, pero con un marchamo de legalidad democrática de la que son indignos en demasiadas ocasiones.

Ayer, en España, la noticia era el desplante de Artur Mas a Soraya Sáenz de Santamaría en un acto organizado por Fomento del Trabajo, porque al parecer el president sólo se presenta si es la máxima autoridad en la plaza. La verdadera noticia, esta quizá más de una letra pequeña bien sangrante, es que lo sustituyera Felip Puig, ahora consejero de Empresa y Empleo: una noticia indignante, una noticia nauseabunda. Porque Felip Puig no debería ostentar ningún cargo de representación política: como consejero de Interior, fue responsable directo del salvaje desalojo de los Mossos de la acampada pacífica de la plaza de Cataluña, organizada por las protestas del 15 de mayo.

A pesar de las imágenes terribles de violencia desatada por parte de los Mossos, él culpabilizó a los indignados. Por eso la Unión Europea desconfía de los abusos de las fuerzas de orden público en Cataluña –otro gravísimo problema, como el desmantelamiento de la sanidad pública, camuflado por la cortina artificial y humada del independentismo-, y en El Raval hay miedo a salir a la calle: porque la violencia sigue ahí, y llamar a la policía a veces puede ser el peor remedio.

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