Disculpen, no quería sacar la recortada aunque motivos para hacerlo hay muchos. Pero el otro día una amiga periodista, de larga trayectoria profesional en la prensa escrita en este país, me dijo una cosa que se me ha quedado en la cabecita, rondando rondando. Me comentó: “he llamado a un amigo que tiene una bodega y le dije que si me podía ir a la vendimia, porque estando allí una semana gano 350 ó 400 euros, y no tengo gasto alguno, mientras que si estoy en casa una semana sin currar no me da para la comida, el agua, el gas..”.
Esto choca mucho con las frasecitas, perdón, puñeteras frasecitas de a este país está llegando dinero de todas partes, del señor Botín. O la de Sostres, que afirmaba en una de sus últimas columnas que en España el que quería trabajar, trabajaba. Fíjense que yo mandaría a ambos, Sostres y Botín y a otros tantos, a experimentar como freelance periodistas, que es lo que conozco (seguramente como arquitectos tampoco les iría mejor) durante unos mesecillos. A 50 euros brutos la página word. O menos.. A ver qué tal, ¿no?
Tengo que reconocer que tras cinco años como freelance, habiendo publicado en casi todos los grupos mediáticos de este país, guardo en mi haber muy buenos clientes (Esquire, Forbes, Tiempo, diarioabierto….) con los que tengo el gusto de seguir publicando y que me siguen pagando. También confieso que en estos años he dado con directores y subdirectores ante los que me postro por su profesionalidad y su ética, como son por ejemplo, Daniel Entrialgo, actual director de GQ, Álvaro Nieto, subdirector de Tiempo, Fernando Baeta, director de elmundo.es, Carlos Salas, hasta ahora director de lainformación.com.
E ilustro lo que es ética con una anécdota: durante unos meses me pasé dándole la lata a Daniel Entrialgo, por aquél entonces director de Esquire, diciéndole que quería entrevistar al cantante Quique González. Y él que no… Así hasta que un día me llamó y me dijo: “oye, me ha propuesto la discográfica una entrevista, ¿lo quieres hacer tú?”. Él podría perfectamente haberlo hecho desde la redacción, sin gastarse un euro más. Pero recordaba que era yo quien le había insistido y demostró toda su elegancia y su ética con este gesto. No es lo usual, porque es más común que tú propongas un tema, que te digan que no y que luego lo veas publicado.
Dicho lo cual, bueno en el sector aún queda, claro que sí. Pero lo que más hay es morralla. Ni siquiera voy a entrar a valorar esos infames personajes y medios que buscan periodistas a cambio de 0 euros. Esto es como si tú llamases al fontanero y cuando llegase le dijeses: “Mira, no te voy a pagar nada, pero te voy a dar mucha visibilidad, voy a hablar muy bien de ti a todas las vecinas”. ¿A que no cuela? Pues con los periodistas tampoco.
Me han llegado a decir, y en concreto fue una revista que se imprime en papel y que enloquece a todos los culturetas de este país, que conocían mi trayectoria y que encantados de que colaborase con ellos, pero que “ahora no estamos pagando porque no hay dinero, pero si quieres te podemos pagar en carne”.
Sería broma. O no. Podíamos pensar que si era en filetes de vaca gallega la oferta era tentadora (vaya si lo es considerando el precio de la carne) pero creo más bien que se referían a salchicha de Frankfurt. Y del supermercado Día además.
Otros medios, a cuyos editores tengo mucho cariño como personas (de ahí que me rechine aún más su modus operandi), han apelado a la deontología cuando les he propuesto utilizar su plataforma (en la que participo de forma desinteresada cada vez que puedo) para hablar de otros trabajos míos. “No podemos hacerlo por el artículo X de nuestro código de Deontología y Buenas prácticas”, argumentan. ¿Deontología? ¿Dónde dice que es deontológico no pagar a tus colaboradores como sucede en este caso? ¿O somos deontológicos para algunas cosas y otras no? Y no podemos decir que “es que este editor era de derechas o de izquierdas” porque estas etiquetas ya no valen, recordemos a Cebrián con ese buque insignia auto-definido de la izquierda como ha pretendido ser siempre El País, y el se llevó sus milloncejos y aplicó, al dedillo, la reforma laboral a sus empleados. No así Unedisa, por ejemplo, que siendo de derechas ha tratado mejor económicamente a sus trabajadores despedidos.
Se están pagando algunas colaboraciones a 50 euros brutos, y menos. Textos de un folio como mínimo, cuando no son más largos. Una revista femenina, me comentaban el otro día, paga las dobles páginas de reportajes (en los que se supone tienes que llamar, documentarte, hablar con gente…) a 100 euros brutos. Eso con la retención del 21% se queda en 79 euros. La factura del gas no la paga… Y ya si le añadimos lo que paga un autónomo en este país al mes (285 euros esta servidora), las cuentas son de risa.
Esto no solo pasa con los plumillas, también con los fotógrafos, a quienes les aplican las mismas tarifas o simplemente, les roban las fotos.
Se nos llena la boca con la crisis del papel. No hay dinero nos dicen. ¿No hay dinero? ¿Cuánto cobran los consejeros delegados de Unedisa? ¿Cuánto le pagan a sus firmas estrella? ¿Qué gana Sostres con esos artículos en los que únicamente brilla la bilis?
Uno de los medios en los que colaboro, en dos años, me ha bajado mis tarifas de lo que podría considerarse un buen sueldo para una colaboración a 700 euros brutos mensuales y posteriormente, a 600. Perdón, esto no es bajada de salarios, es crecimiento moderado, diría Montoro (otro al que habría que mandar de freelance un año para fomentar algo que parece no se estila, la empatía).
Señores que dirigen los medios: desde la comodidad de sus nóminas, hagamos un change durante unos meses. No me hablen de buen periodismo, de periodismo de calidad, de periodismo de investigación…. Todo lo anterior, señores, se paga. Y se paga dignamente. Porque soy freelance y como me apuntan desde Twitter, Freelance no significa gratis (free), sino independiente o aquel que trabaja para varios medios. Sí, soy freelance, pero tengo dignidad. Así que un poco de respeto, por favor.
Porque si esta vorágine del “todo vale” no para, tendrán unos medios como gacetillas de barrio en los que además no firmarán los mejores, sino los más serviles. Y los periodistas de investigación, los perros sabuesos, los que muchas veces nos hemos ido a otros países para traer noticias poniendo dinero de nuestros bolsillos, estaremos cogiendo uvas. Al menos, será una vendimia muy intelectual.
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