Castigando a los buenos y premiando a los malos

27/10/2013

Carmela Díaz.

Esa es la descorazonadora sensación que se extiende entre la ciudadanía. Que a los honrados se les exprime, martiriza, penaliza, asfixia, mientras que a los delincuentes -tras asesinar, corromper el sistema, violar y destrozar familias enteras-, se les cuida, se les mima y se les facilita la vida.

Temis diosaNo entraré a valorar a fondo los aspectos jurídicos de la sentencia de Estrasburgo  -dejando de lado ética y moral, la decisión es correcta según el Derecho-. Pero soy de las que opina que en España, si en vez de aplicar una doctrina se hubiese endurecido (cuando tocaba) el Código Penal para según qué delitos, ni siquiera estaríamos debatiendo sobre esto, sencillamente, porque no habría tenido lugar.

Tampoco despotricaré a lo bestia contra jueces y magistrados porque ellos se limitan a aplicar la Ley. Los jueces no elaboran las leyes, que es algo que en este país la gente parece ignorar o no quiere entender. Los togados  solo la interpretan -no siempre con tino- y la aplican. Las leyes son aprobadas por el poder legislativo, es decir, por el Parlamento. Con los políticos ignorantes y putrefactos hemos topado. One more time…

Si las leyes son permisivas, blanditas, incomprensibles, los únicos culpables son los moradores del Congreso. Y ojo, que cuando la mayoría se siente desprotegida o en desacuerdo con dichas leyes, Houston tenemos un problema. Ninguna Ley que va contra el sentido común o el sentir mayoritario, debería ser aprobada. Tampoco las que los ciudadanos perciben como injustas.

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Carmela Díaz

Dicho esto, a ver quién es el guapo que se pone frente a la madre que perdió a un hijo con toda la vida por delante, a la viuda que crió a unos huérfanos sin apenas recursos o al hijo que no conoció a su padre, a explicarles que las vidas de sus seres queridos equivalen, más o menos, a un año de cárcel. ¿No es algo contradictorio poner en idéntica balanza crímenes contra la humanidad y derechos humanos? O a ver con qué autoridad moral padres y educadores pretenden transmitir valores ejemplares a las generaciones que se están formando, si luego estos chavales comprueban que a los delincuentes les salen las cuentas. ¡Y de qué manera! O a ver quién es el valiente que le explica a aquella joven a la que un desalmado marcó de por vida, violándola con saña, que cualquier día mientras esté tomando una cerveza, coincidirá con su agresor en la barra de un bar. O a las madres con hijas adolescentes, que un depravado sexual reincidente campea de nuevo por el barrio.

Queremos legisladores y leyes que protejan de verdad a los ciudadanos decentes de los desalmados. Y ojo, no solo en delitos de terrorismo. Lo cual no es incompatible con las políticas de reinserción de aquellos presos que lo merezcan. Pero qué quieren que les diga. A mí no me escuece en absoluto, más bien al contrario, las segundas oportunidades para aquellos que no tuvieron una vida fácil, que se perdieron por el camino, que descendieron a los infiernos y están preparados para un nuevo volver a empezar. Pero permítanme tener mis dudas hacia los aniquiladores -con premeditación y alevosía- de unas decenas de vidas humanas.

Si determinadas decisiones judiciales conmocionan a una gran mayoría social, si multiplican la sensación de desamparo entre los ciudadanos ante la Justicia, algo se está haciendo mal, muy mal.

Culpables y cómplices son nuestros nefastos políticos que fueron incapaces de modernizar la legislación penal para evitar males mayores. Es muy fácil echar ahora la culpa a los de fuera, pero los responsables de esa decisión se encuentran en casa. La pregunta es hasta cuándo los españoles seguiremos soportando impasibles semejante cantidad de chapuzas e inmoralidades por parte de las cúpulas.

Twitter: @CarmelaDf

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