Un desahucio bajo la lluvia

27/10/2013

Susana Ramírez.

Cien antidisturbios, con sus cascos sobre la cabeza y armados. Todo para sacar a alguien de una casa que no puede pagar, que le gustaría pagar, pero no puede. El día del desahucio ha llegado. Ella no está preparada para ello, no quiere abandonar su casa, sacar sus cosas metidas en bolsas de basura. Se niega a salir de esa casa que considera suya , que le pertenece tanto como su dignidad. Gracias a dios tiene amigos. Ese día sus amigos están con ella. Gritan su nombre al son de “estamos contigo”. Ella no está sola, pero tendrá que salir de su hogar, abandonarlo para siempre y es un paso que no quiere dar, que le parte el alma.

Tras la puerta los antidisturbios acompañados de miembros de la policía, le informa de que si no sale ella misma, que tendrán que entrar ellos rompiendo la puerta si hiciese falta y sacarla afuera detenida.

Ella llora. Se hace pequeña, se hace muy pequeña. Un desahucio es como si te arrancan algo de ti, algo que te pertenece, como si te roban el derecho a dormir bajo un techo que antes podías pagar y ahora no puedes. Nadie se puede poner en ese lugar tan complicado, en tu lugar, en el lugar que ocupas tú y tus cosas, todas las cosas que tendrás que sacar ese mismo día de la peor forma posible y como puedas, porque de lo contrarío, si no los sacas tú lo harán ellos, a patadas y a  voces.

Decide salir por su propio pie. Camina despacio. Se desvanece casi… sus amigos la sostienen. Los vecinos gritan que están con ella. Pero ella ya está en la calle, junto con todas sus cosas: el colchón donde dormía plácidamente, la mesita de noche donde guarda sus pequeños tesoros, el pequeño sofá donde a veces ha soñado con que todo podría salir bien.

Sus amigos meten sus pertenencias en los coches. La gente sigue gritando su nombre y que están con ella. Pero ella no sabe con qué cuenta ni donde está. Atrás queda la que fue su casa. Ahora se pone a llover. También llueve dentro de sus ojos. Llueve y le importa poco mojarse. Nada importa más que ese momento que jamás olvidará. El día en que perdió lo único que tenía: su hogar y su paz para seguir luchando por la vida.

Pero los desahucios no vienen solos, fue despedida de su puesto de trabajo por faltar el día de su desahucio. ¿Alguien da más?

Yo me pregunto si existe la gente empática. Yo me pregunto hasta dónde son capaces de llegar las personas. Y pienso en la crueldad que supone dejar a una persona en la calle, tirarla allí bajo la lluvia e irte sin mirar atrás siquiera.

Esto es lo que tristemente nos espera. Gracias a todos los políticos, que han hecho posible esta mierda de ley.

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