Solos y divididos

28/10/2013

Maite Vázquez del Río.

Tras los escándalos de corrupción, desde el PP comienzan a dar una pésima imágen. La mayoría absoluta no les ha sentado bien, pese a que empleen el rodilla cada vez que les plazca, más mirando sus intereses ideológicos -basados fundamentalmente en privatizar todo lo público- que en el interés de los ciudadanos de acabar con la crisis y con el paro.

Mariano Rajoy se ha empecinado en romper todos los consensos. El último, el del Pacto de Toledo que tanto costó conseguir en época de Felipe González, que perduró con Aznar y, luego, con Zapatero. Pero entusiasmado como está esté Gobierno por recortar el Estado de Bienestar, lo único que le faltaba eran las pensiones y ahí se ha metido de cabeza. Está gobernando como si España fuera a permanecer durante décadas en crisis, pese a que ya empiezan a alardear con los primeros síntomas de recuperación.

Con una reforma de pensiones que comenzó a aplicarse hace diez meses y cuyos efectos -ellos que son tan amantes de los efectos a medio y largo plazo de las reformas que han impuesto- es imposible todavía percibir, se han lanzado al ruedo y, claro está, con unos cambios que solo traen nuevos empobrecimientos de los pensionistas presentes y futuros. Cambios con los que se perderá poder adquisitivo, con los que se asienta la idea de la esperanza de vida (no importa en qué condiciones), y cuyo resultado serán pensiones cada vez más pequeñas. No importa el sacrificio que haya supuesto por parte de empresa y trabajador nómina tras nómina.

En el Congreso ya ha visto que no hay ni un solo partido político que apoye la idea. Y en el diálogo social, ni empresarios ni sindicatos han entendido el por qué de esta reforma, más allá de ese empeño en reducir la nómina de la Seguridad Social. Se han quedado más solos que la una, pero dada la vergüenza torera con la que actúan, ponen la misma cara de poker, que cuando salen en los papeles de Bárcenas, de la trama Gürtel, cuando ven que no hay quien comulgue con sus políticas de ‘palo y tentetieso’ o de un Ejecutivo que, a golpe de decreto, gobierna a espaldas de los ciudadanos.

¿Qué pasará cuando la economía se haya recuperado del todo y vuelvan los emigrantes? Hasta la crisis, ese más de un millón de trabajadores extranjeros contribuyeron en gran medida a que el sistema pública acabara año tras años con superávit. ¿Volverán a elevar las pensiones entonces?

Hemos aprendido que nuestros políticos tienen la mano ancha en el gasto de grandes proyectos, que se han demostrado su escasa funcionalidad y necesidad y que todavía seguiremos pagando durante décadas. Pero cuando se trata de aquellos servicios ciudadanos imprescindibles, como la sanidad, la educación o las pensiones, lo único que se les ocurre es recortarlas… como si fueran la causa de todos los agujeros que han dejado unos manos gestores, que se aprovecharon de haber sido elegidos por los ciudadanos para ocupar cargos que no se merecían.

Y ante el tufillo que ya hay de elecciones, ahora comienzan en algunas comunidades, como la de Madrid, a anunciar pomposas rebajas de impuestos, que al final quedarán en calderilla. Nada menos que en la parte autonómica del IRPF y Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos. Una de las autonomías con mayor endeudamiento promete regalos de impuestos, para que se nos olviden corrupciones, el caso Arena o esas calles de la gran urbe por las que hasta las ambulancias tienen que reducir la velocidad para sortear los baches.

Y lo hacen aun a costa de enfrentarse con el mismísimo ministro Cristóbal Montoro, que raudo ya les ha replicado que ya verán lo que hacen, pero que tienen que cumplir religiosamente con el déficit público. Pero González y Ana Botella temen una pérdida estrepitosa de votos. Ya lo comprobaron en propia carne este domingo durante la manifestación de víctimas del terrorismo, hasta hace dos años, aliadas con el PP. No importa que medidas como éstas les dividan y se rompa la que hasta ahora era su irreductible disciplina de partido. Tienen la mayoría absoluta.

Rajoy debería tomar nota de la soledad que se autoinfringe, y de la soledad que impone a todos sus diputados. Debería pensar que la democracia no es gobernar a golpe de decreto y que tal vez, entre todos, se debería pensar en cambiar la imperfecta y débil democracia que supone la mayoría absoluta. Más que nada porque cada vez se cree menos en los políticos, que en lugar de ser aliados de los ciudadanos, se han convertido en feroces lobos que meten tajos por todos los lados.

 

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