Siempre me enseñaron cuando era pequeña, en la escuela, que tenía que memorizar todo lo posible. Primero fueron los números y las letras. Más tarde los hechos importantes que en ese entonces, a mi edad no era importantes, o mejor dicho: poco me importaban.
De pequeños nos enseñan a memorizar, a estudiar y a no olvidar. Y realmente creo que ahí reside el error: no nos enseñan a olvidar, cuando olvidar tendría que ser otra asignatura.
Olvidar tendría que forma parte de la vida como algo vital para poder ser feliz. Olvidar es necesario tanto como recordar. Tendríamos que aprender desde muy pequeños a olvidar todo lo que nos daña o aquellas cosas que no queremos tener en nuestros pensamientos o en nuestra vida, y lo mas importante: olvidar de manera que esas cosas que no queremos en nuestra vida no nos afecten de un modo u otro a nuestro futuro, a nuestro crecimiento y formación como personas adultas.
No sabemos olvidar y arrastramos por ese motivo todo lo malo. Tampoco sabemos perdonar, porque no olvidamos. Todo es como ese pez que se muerde la cola.
La vida es tan corta, que se debería de poder olvidar. Todo es efímero, todo lo agradable, aquel beso dulce en los labios, el perfume de sus cabellos. Todo lo bello se olvida rápido, sin embargo lo malo permanece siempre intacto en nuestra memoria. ¿Por qué ocurre esto?. Nos marca lo malo y se hace inolvidable, sin embargo lo bueno se nos escurre poco a poco de la memoria hasta que ya solo queda un leve recuerdo. Porque lo bueno te enseña cosas, pero te hace volver a fracasar y a tropezar.
Te enseñan de pequeño a que tienes que crecer, hacerte mayor y ser alguien en la vida. Sin embargo creces sin saber quién eres. Y en muchas ocasiones no tienes a nadie cerca a quien explicar tus miedos, a quien preguntar tus dudas o con quien compartir tus incertidumbres. Te enseñan miles de cosas, te enseñan desde la reproducción humana hasta su muerte, pero no te enseñan a olvidar desde que naces hasta que mueres.
No te enseñan a olvidar para poder vivir sanamente. No poder olvidar hay días que te hará llorar desesperadamente. No poder olvidar te obligará a que los días pasen sin abrazar a esa persona que quieres y la cual no olvidas, y de la cual ya no recuerdas cómo eran sus abrazos.
A un niño cuando está creciendo se le tiene que enseñar todo de la vida, pero para que pueda vivirla ese niño tiene que aprender a olvidar también las cosas malas, para apreciar mejor las cosas buenas.
No se trata de dejar de respirar, se trata de aprender a olvidar para respirar mejor.
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