La mujer del César y la socialdemocracia

04/11/2013

Germán Temprano.

Si hay dos ejes conceptuales sobre los que se ha sustentado el pertinaz bipartidismo han sido el miedo y la utilidad. Fuera de ellos quedan aquellos ligados a la normativa electoral y a los intereses mediáticos, factores ni mucho menos baladíes pero que obedecen más a la realidad del sistema que a la sugestión del elector. El primero de ellos, el temor al otro, ha sido moneda común tanto del PP como del PSOE en función de quien gobernaba mientras que el segundo, el pragmatismo por encima de la ortodoxia ideológica a la hora de acudir a las urnas, ha sido casi monocultivo de los socialistas. Esa apelación a votar sus candidaturas, aunque sea más cabreados por sus felonías políticas que convencidos por sus promesas de no reincidir en ellas, en pos de un aglutinamiento de las tendencias progresistas de la ciudadanía ha tenido éxito dispar en el pasado. En el futuro inmediato se barrunta que lo tenga muy escaso. Y eso por mucho toque de corneta que se ordene o manifiesto que se firme. Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe.

Aunque así, a bote pronto, pueda parecer una explicación simplista no tiene por qué dejar de ser elocuente. La prolongada cuarentena a la que está sometido por su reciente pasado el partido liderado de momento por Rubalcaba, del que el ex vicepresidente fue actor protagonista, se refleja por sí sola en unos sondeos absolutamente desalentadores. Y lo son aún más porque esta languidez demoscópica del PSOE se da en el fragor del mayor ataque a las mayorías sociales perpetrado por un gobierno de la reciente etapa democrática. Sin embargo, lejos de recoger los frutos del descontento, la desconfianza es mayor en quien propone que en quien dispone. Bien es cierto que ningún partido recoge la cosecha de manera clamorosa sino a través de moderadas subidas en el caso de IU y UPyD si se tiene en cuenta cómo está el patio.

No falta quien considera que desentrañar el motivo por el cual el PP sigue siendo la formación más votada ya no es competencia de la sociología sino de los programas de Iker Jiménez. Y aún así, ya sea por recelos al liderazgo, tanto internos como externos, o por falta de credibilidad de la alternativa ofrecida, el caso es que el último barómetro del CIS deja al partido socialista más de cinco puntos por debajo de su principal adversario. No debe ser ajena a esta falta de pulso la carta abierta de ex dirigentes de IU, hasta donde se sabe muy pocos pese a la casual relevancia que se les ha dado (la que no se les daba cuando estaban dentro de Izquierda Unida, todo sea dicho), en la que se pretende auspiciar un movimiento alrededor del PSOE para derrotar a la derecha.

Se trataría, por lo visto, de inyectar una dosis de izquierdina para, esta vez sí que sí, convertirse en la mujer del César de la socialdemocracia y, en consecuencia, además de serlo también parecerlo. Para ello se ha adherido el juez Garzón que, o es el mismo que también apoyaba el proyecto de Llamazares, o desde luego se le parece una barbaridad. Siempre es bueno contar con una cara conocida como reclamo aunque, hasta que se digiera del todo y uno se teme que tardará, llama más la atención qué política se hizo en la etapa de Zapatero cuando la legislación afectaba al bolsillo. Cómo se trató a la banca y cómo a los desahuciados, que también los había y no pocos, qué se hizo, o más correcto que no se hizo, con la fiscalidad o cómo se anticipó el deterioro del mercado laboral o cómo, una vez fuera del Consejo de Ministros, muchos de sus miembros se sentaban en otros Consejos muy bien pagados. No digo que sean detalles importantes. Dejémoslo en que uno es muy receloso.

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