¿Letizia es alérgica a las joyas?

04/11/2013

Carmen Duerto.

leti2Durante los premios Príncipe de Asturias llamó mucho la atención que Letizia no llevase la alianza de casada. Podríamos pensar, en esa comunicación no verbal que tenemos con ella, que lo hacía para desviar la atención y tenernos entretenidos con esa curiosa ausencia, pero es un hecho que lleva sucediendo desde hace muchos meses. No lleva ni alianza de boda, ni de pedida, ni reloj, ni va cargada de pulseritas con amuletos y cordoncitos como su suegra o su cuñada Elena.

Es evidente que Letizia no es Wallis Simpson y que Cartier con ella no tiene mucho que rascar aunque trabaje allí su prima política Simoneta Gómez-Acebo. Si acaso Yanes, con los pendientes sondelier que le hemos visto en algunas ocasiones y que son como un candelabro invertido, Tous, Durán o quién sabe si Pandora, pueden colocar alguna foto de ella en sus álbumes recopilatorios de famosas que llevan sus abalorios. Lo cierto es que Letizia desde hace muchos meses por no llevar no lleva ni la alianza, aunque luego pueda lucir unos pendientes de brillantes que fácilmente cuestan 30.000 euros, completando el dress code de levita negra en los últimos premios Príncipe de Asturias.

Es posible que, descartada una alergia repentina al oro y a la plata y en solidaridad con los momentos de crisis que vivimos, ella haya hecho la promesa, ya que desde hace diez años le sobrevino la fe religiosa al casarse con el Príncipe, de no hacer mucha ostentación de oros y diamantes o simplemente porque le incomodan y se los quita.

leti3Al principio de su llegada a la familia real, sí lucía la “alianza catalana” esa sortija de pedida de baguetes de diamantes completa que le regaló el Príncipe y que, según el joyero Miguel Mas, “es muy difícil de llevar porque al ser completa, con los golpes bruscos se parten las baguetes por abajo”. Alianza que en Bvlgari cuesta 30.000 euros y en Suarez a Iñaqui Urdangarín cuando fue a comprarla a la tienda de Barcelona, le costó menos de la mitad. Tampoco luce ese adorno tan afín a las cabezas regias, como la tiara que le hizo Ansorena, de la que tan solo ha usado en alguna ocasión el broche que se puede sacar de esa tiara. Ni el comentado brazalete rígido de brillantes que lució en un par de ocasiones. Vale que ella no es de relojes, aunque tenga el Royal Oak de Audermars Piget, que le regalaron los reyes, en oro y acero, que ya está descatalogado pero que en su día se podía adquirir por 15.000 euros, pero es que ahora, por no llevar no lleva ni esos detalles sentimentales como la pulsera de oro con las plaquitas, llamadas “chams”, colgando con los nombres de sus hijas y de su sobrina Carla.

En esto es igual que Charlene de Mónaco, que prefiere invertir en ropa más que en joyas, eso no significa que no les gusten, que seguro que sí porque después de diez años de relación real, Letizia ya tiene un generoso joyero y además, sabe que en su día recibirá las que llaman “joyas de pasar” con las coronas, broches y tiaras de quitar el hipo que, hasta que llegue el momento del relevo, reposan a buen recaudo en el bunker subterráneo de la Zarzuela.

Igual Letizia es de las que piensan que donde esté un Felipe Varela de encaje por 2.075 euros o la camisa de animal print por 255 euros, que se quiten los abalorios de brilli-brilli que ya habrá tiempo de lucir todo el joyerio con vocación de servicio cuando toque y al fin y al cabo un buen traje también es una joya.

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