Wert, o el ministro imprescindible

22/11/2013

Joaquín Pérez Azaústre.

Mariano Rajoy anuncia que el Gobierno seguirá donde está, con los mismos ministros y sus nombres irascibles y opacos. Ahora sobrevive José Ignacio Wert, como antes sobrevivieron Ana Mato y Alberto Ruiz Gallardón, que ha dejado su perfil más progresista a la altura de un sistema judicial que consagra la desigualdad social tras su paso galáctico, con las famosas tasas judiciales vulnerando el acceso a los tribunales de cualquier ciudadano, mediante el consabido agravio comparativo de unos pagos que establece, ya de entrada, niveles progresivos de justicia en virtud del poder adquisitivo de cada demandante. Así, sobrevivió Gallardón, después de la tormenta de toda la carrera judicial contra él, como sobrevivió Ana Mato, después de su posible relación con el caso de corrupción de su exmarido, y ahora sobrevive, también, un ministro de Educación que contempla el mayor logro consensual de este Gobierno; porque en apenas dos años, ha logrado lo que en el líder de la oposición apenas se vislumbra como el mejor sueño: unir a toda la comunidad educativa y cultural, pero en su contra.

Ahora es noticia el anuncio del presidente, tras una entrevista radiofónica, de mantener a todos sus ministros bien agarraditos a sus anchas carteras. Asegura Rajoy que antes de Navidad no habrá cambios en los ministerios, y que después, seguramente, tampoco: o esa es, al menos, su intención. Ya sabemos que entre las intenciones de Mariano Rajoy y sus decisiones posteriores no siempre se establece la coherencia exigible a cualquier representante público; pero es bien conocida su afición natural al silencio, especialmente si hay ruido, protesta, alrededor, y su tendencia más que demostrable a escurrir el bulto indefinido bajo la piel del abrigo, esperando que escampe o que la gente se canse de increpar por sus derechos. A cualquier otro presidente, entonces, le temblaría en la voz y en el designio el nombre del ministro de Educación; pero un hombre como Rajoy, que espera siempre un mañana favorable mientras se aplaca el ímpetu de toda indignación, convierte la pachorra pánfila en estrategia.

Pero también hay más, aunque relacionado: focalizando la atención y el ruido ciudadano, mediático y político en Wert, como antes en Gallardón o en Mato, como el mismo Rajoy habla bien poco, o quizá menos, y cuando habla dice pero no dice –o sea, no dice nada-, y si dice algo lo desmiente al día siguiente porque –“Yo tengo un mandato y me he visto obligado por las circunstancias-, quienes sostienen la cara y la tensión de este Gobierno son, precisamente, sus Wert de turno, estos sparrings con los que la oposición, la prensa y cualquier gente continua fajándose, mientras Rajoy prosigue en esa auscultación de su visión vacía. Rajoy sostiene a Wert en el Gobierno no porque crea en él, ni tampoco porque se sienta llamado, por lealtades crípticas, a mantenerle su apoyo, sino porque le conviene, para que siga siendo el portador de la bofetada pública. El presidente, mientras, esperando que escampe. Pero la calle, desgraciadamente, no puede esperar más.

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