Y sólo llevamos media Legislatura

25/11/2013

Germán Temprano.

En el ecuador de Legislatura de Rajoy cobran si cabe mayor relevancia dos profecías de su cosecha que dejan a Nostradamus a la altura de la pitonisa Lola. Ambas figuran con gran despliegue tipográfico en una entrevista de campaña y, por mucho que quisiera, no hay manera de eliminarlas del maldito y traicionero Google. En uno de los titulares se leía ‘Cuando yo gobierne bajará el paro’ y en el otro ‘Arreglaremos en dos años la economía’. Fin de las citas, que diría el preclaro estadista. Con estos mimbres sobraría cualquier comentario adicional, pero toda vez que en este país decir una cosa en política y hacer otra está tan arraigado o más que la siesta insiste no sólo en defender su credibilidad sino en hacernos creer que no le merecemos.

En ese escenario nos vende que finalmente no fue necesario el rescate o que la prima se ha moderado aunque el riesgo siga. Y sigue porque el riesgo más acuciante es una gestión, en concreto la suya, de la que, por el momento, nadie es capaz de rescatarnos. Si alguien está tentado de recurrir a esa grandilocuencia tan al uso cuando se trata de atrincherarse, que no velar, por la democracia que lo haga pero ya no cuela. Me refiero al argumento de que así lo ha querido la voluntad popular expresada en las urnas. Quienes votaron a Rajoy lo hicieron para que cumpliera con esos titulares mencionados que hoy le deberían abochornar. Y lo hicieran además para que alcanzase esos objetivos con unas promesas electorales que ha incumplido de manera flagrante y continuada. Por tanto, legalidad toda, legitimidad poca o ninguna.

Cuando uno compra un coche de segunda mano, lo paga al precio que le piden y nada más arrancar no funciona ni el ambientador lo considera una estafa. Si le pasa a Rajoy lo llama coyuntura internacional. Nada raro en un Gobierno que ha hecho de los incumplimientos seña de identidad y del eufemismo bandera. Ellos y sus electores verán. Lo que no parece ver el presidente, o más exactamente no quiere ni verlo, no es sólo que hay más parados que cuando llegó sino que quienes sobreviven al desastre laboral lo hacen en peores condiciones. Hoy se cobra menos, es más fácil despedir, más caro ir a la Universidad, los jóvenes preparados se van fuera de nuestras fronteras, es más difícil acceder a una sanidad pública digna y casi imposible subsistir si eres una persona mayor y qué decir si además eres dependiente.

Las mordidas sociales no las solucionan ni las estadísticas ni los editoriales de los periódicos financieros del extranjero cuando sean más benévolos con sus medidas. Cuando el presidente del Gobierno presuma, que lo hará aún más, de que gracias a él España ve la luz al final del túnel que sepa que en la oscuridad de él se han quedado millones de ciudadanos a los que sus dos años de mandato les habrán parecido dos siglos de retrocesos ¿Quién les rescata a ellos?

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