Memorias por tierra, mar y aire

02/12/2013

Germán Temprano.

Sin apenas margen para coger resuello una lluvia editorial de ‘ex’ ha caído sobre nuestras cabezas de manera inmisericorde. Nada menos  que tres ex presidentes, un ex ministro y Belén Esteban, ex de Jesulín, cargo este último de una rentabilidad que para sí quisieran los demás, han conformado una ola de fulgor cultural propia del Siglo de Oro. Sabido es, no obstante, que las memorias de los próceres políticos tardan en apilarse de saldo en los grandes almacenes poco más de lo que se tarda en repasar el índice onomástico. Sobre todo si viven para contarlo. Es decir, que, de hacerse, mejor post mortem. Ya no está uno para dar explicaciones y tontería es que te las pidan. En caso contrario cunde la sospecha de que te callas mucho para no ofender demasiado o que, como le ha pasado a Zapatero, te guardas un as en la manga para nutrir el negocio editorial y luego te cae la del pulpo.

Que sea su libro el que dé fe de esa carta del Banco Central Europeo del verano de 2011 que en su momento hurtó al Parlamento y por ende a la ciudadanía es tan indignante como vergonzoso. Lo peor es que ni siquiera parece claro si era consciente de su metedura de pata. De esa y de todas las que ahora le reprocha Solbes, hombre que pasaba por gris y discreto, y que ha destapado tan despechado que uno hasta le veía junto a la señorita Esteban en un especial del ‘Sálvame de luxe’ en el papel de hombre rencoroso y deslenguado. El ministro viene a contar que él lo tenía todo muy claro, lo de la crisis, lo de la burbuja inmobiliaria y esas cosas, pero que no podía con la terquedad de José Luís. Lo que viene a ser darse un literario autobombo sobre sus capacidades para predecir el pasado. O eso o que su espíritu de sacrificio era tal como para aguantar impávido la cocción de la catástrofe.

En el caso del nuevo volumen de las memorias de Aznar y de las consideraciones de González huele ya tan rancio que lo raro es que ambos no lo hayan escrito en unos pergaminos. En el fondo no se trata tanto del interés de los volúmenes como de quien va a la presentación de los mismos. En el caso del ex presidente del PP el actual gobierno no mando ni recuerdos. Y él, según dijo, tomó nota. Se supone que para incluirlas como anexo en su próximo tomo porque otra cosa no pero por ego no será. Desde ese alto concepto de uno mismo que tienen, sumado a los delirios de algunas editoriales que pagan astronómicas cifras por huecos testimonios (colosal el pinchazo de las de Bono, por ejemplo), nos vienen a recordar cómo gobernaron como si fuera tan fácil de olvidar por quienes muchas veces lo padecieron. Al menos cabe esperar que las de Rajoy, tan amante del televisor de plasma como es, sean en DVD y podamos saber de sus decisiones de estado mientras nos comemos unas gambas. Mucho más llevadero.

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