Siempre me ha parecido peligroso que los políticos se pongan en plan optimista y al final los datos, los fríos datos, vienen a dar la razón a quienes prefieren optar siempre por el camino de la prudencia.
Y es que el cacareado fin de la crisis es tan relativo y tan endeble que en cualquier momento todo se puede ir abajo como un simple castillo de naipes. Lo de hoy ha sido un aviso. La actividad industrial medida por el PMI ha retrocedido por primera vez en cuatro meses. ¿Dónde está la recuperación? ¿Dónde está la confianza?
Conste que no soy un catastrofista y que en el fondo comparto la impresión de que asistimos al fin de la crisis, lo que no comparto son las maneras de los políticos, todos. No se puede estar más pendiente de lanzar soflamas y mensajes de consumo partidista que de arreglar de una puñetera vez la situación, pero ni los unos ni los otros lo van a hacer nunca. España ha perdido en esta crisis una gran oportunidad de salir realmente reforzada, de hacer las cosas bien, pero no hay manera.
Y claro, cuando un indicador independiente y bastante prestigiado por su objetividad nos devuelve a la realidad de una situación realmente difícil, el mercado lo acusa. Pero no todo el mercado, lo acusa el Ibex, al que los políticos de uno y otro signo han convertido en el hermano tonto europeo.
Entre todos lo mataron y él solito se murió, que diría el otro, pero no es cierto. Estos politicastros de tres al cuarto que vienen hablando de ‘recuperación de la confianza en España’ han asestado hoy una puñalada trapera a semejante concepto.
Estoy convencido de que a las empresas eléctricas españolas se las ha permitido durante demasiados años hacer mangas y capirotes. Y también estoy convencido de que no tendremos remedio como país mientras no tengamos dos modelos claros, el educativo y el energético.
En ambos lo que manda desde hace ya lustros es el bandazo, el partidismo absurdo y la actuación por venganza. Y en el caso del energético hoy se ha consumado la enésima tropelía, al barrer de un plumazo de los Presupuestos para el próximo ejercicio 3.600 millones de euros que de una forma u otra se ‘justificaban’ para que pasaran a engrosar las arcas de las empresas eléctricas.
No defenderé que haya que darles ese dinero a los componentes de un sector oligárquico y demencial, pero sí defenderé que actuar como se ha actuado vuelve a poner en tela de juicio de la seguridad jurídica en España. ¿Cómo vamos a convencer a nadie de que invierta aquí si de la noche a la mañana te pueden cambiar las reglas del juego impunemente?
Pues eso, el termómetro de la confianza exterior en España es el Ibex y deja bastante claro lo que opinan. Mientras el Dax sigue en máximos históricos, el Ibex hace meses que se conforma con intentar reconquistar la cota de los 10.000 puntos. En lo referente a hoy, el Dax perdió cuatro centésimas; el Ibex, casi un punto.
Evidentemente, hay algún factor que ha apoyado estas diferencias, como que el PMI alemán ha sido mejor de lo esperado y, por supuesto, mejor que el mes anterior. Y la gente mira a unos y a otros y se pregunta por qué traer aquí un solo euro. Lo pone en Alemania que, aunque también tiene lo suyo, no parece una república bananera como nosotros.
Pues eso, lo dejo aquí que me enciendo y termino diciéndole alguna impertinencia a nuestro triste Mariano. Sólo añadir que el Dax perdió un 0,04%, el FTSE un 0,87%, el CAC un 0,22% y el Ibex un 0,94%. El Ibex es el hermano tonto de la Eurozona, seguramente por reflejo de sus ineptos dirigentes.
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