Tarde y para nada

03/12/2013

Maite Vázquez del Río.

Han pasado cinco años desde lo de Leman Brothers, el caso que coincidió con el inicio de la crisis y que puso en evidencia un fallo en cadena de supervisores y agencias de calificación. Desde Estados Unidos, su presidente Obama no ha cejado en su empeño de que esas equivocaciones se paguen, presentando denuncias contra aquellas entidades que erraron y que han salido de rositas mientras los Estados han tenido que disparar sus déficit y su deuda.

A Europa, esa zona con el euro como único eslabón de unión claro, le ha costado más empezar a valorar aquélla actuación y hacer públicas sus denuncias. Hubo un tímido intento de crear una agencia europea de calificación, pero se topó con la crisis y que nadie podía, o quienes podían no quisieron, poner ni un euro. Se habló hasta que la sede iba a estar en Frankfort… Pero claro, de haberse puesto en marcha, también podrían haber surgido las suspicacias de que si sería la voz de su «ama», Alemania, como en otras muchas instituciones europeas.

Esta vez el supervisor bursátil europeo ha realizado un informe. No de las equivocaciones pasadas, que facilitaron el desembarco de la crisis, sino de lo realizado por las agencias -casualmente las tres estadounidenses cuyos veredictos han puesto en jaque a más de un país (S&P, Moody’s y Ficht)- en 2012.

El resultado de su estudio no ha dejado lugar a dudas: denunciar sus calificaciones, que se sustentan más en intereses propios, están faltos de transparencia e independencia y se difunden sin mirar si el momento es el más adecuado para el país afectado. Muy al contrario, el efecto de su nota es devastador para la economía calificada y viene a hundirla más que a ayudarla. A ello se suma que sus directivos -no analistas especializados- tienen la última palabra y dan las directrices para que se cumpla lo que ellos quieren. Esto es, priman los intereses particulares de sus clientes y son capaces de hundir a quienes se propongan si con ello sacan algún rédito.

Dicho esto. Conocidas las denuncias de la mala praxis de las agencias de rating… Quedan muchas preguntas por responder: ¿Y ahora qué? ¿No hay castigo? ¿No hay multas? ¿No va a haber correctivos? ¿No se les va a exigir un mínimo de rigor? ¿No se van a establecer unos criterios para que todos los países sean analizador por el mismo rasero?…

No parece que tras el «tirón de orejas» las todopoderosas agencias de rating de EEUU vayan a perder su privilegiada posición y su influencia sobre las economías. Su voz se seguirá escuchando y los inversores se moverán al son que ellas toquen. Y si se equivocan… ¡no pasa nada! Desde Europa se hacen informes y se denuncian… pero -visto lo visto- no sirven para nada.

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