Vengo a decirte que todo ha terminado.
No pienses que la vida termina aquí. La vida acaba de comenzar. Piensa que la vida, tu vida y la de todos, es un ir y venir, un no parar. Hay gente que se queda en tu vida por un tiempo y luego se va. Quizá yo hoy venga para decirte que me voy. No llores. Siempre llegará alguien a tu vida. Alguien a quien le dirás que es lo mejor que te ha pasado en mucho tiempo. Y dónde habré quedad yo, y dónde habrás quedado tú y lo nuestro.
Es sencillo: todo permanecerá grabado en tu memoria, grabado a fuego en tu piel, y grabado en cosas materiales que quizá algún día te regalé y te emocionaron. Que no te angustie esto. ¿Te ha pasado alguna vez?: el tener un libro que te encanta entre las manos y querer terminar de leerlo para saber su final, pero a la vez, no quieres que el libro termine, y cuando termina eres consciente de que se ha terminado, te quedas con todo el aprendizaje, con todas las sensaciones que ese libro te ha aportado, y luego con cuidado, guardas el libro en un lugar de la estantería, donde se dedicará a coger polvo.
Esto es igual. Yo soy ese libro que ha terminado en tu vida. Puedes perderte entre sus páginas. Puedes, si quieres, llorar sobre las páginas, mojarlas y romperlas. Pero no voy a volver. Como no volverán las página de ese libro nunca más ha ser nuevas para ti.
No salgas corriendo cuando te hablo. No dejes que el miedo se apropie de tu pensamiento, déjame terminar lo que aún no he comenzado a decirte.
Te estoy diciendo que me voy. Que se ha terminado este absurdo caminar sobre cenizas de lo que un día ardía. Dime adiós, amor, pero dime adiós con un beso al aire, con la esperanza de que todo me marche bien. Yo, te deseo lo mejor. Y se que lo tendrás. Una vez lo pasaste mal, y aparecí yo, para rodearte de besos , para escribir un libro contigo.
Pronto conocerás otra persona que no te abrazara de la misma manera en que lo hago yo, pero le querrás. Esto es así. Vive. Solo tienes una vida, que es esta. Cuando tu pensamiento se llene de mí, recuerda aquellos días, cuando lo más importante era ver tu sonrisa, cuando torpemente te cogía de la mano y te susurraba un par de te quiero, al oído. Acuérdate de mi, pero cuando lo hagas, hazlo bien. Nunca me maldigas, ni pienses que estoy con otra persona que no eres tú. Eso solo hará que tu enfado con el mundo y conmigo aumente, créeme, yo pasé por eso más de una vez.
No bajes la cabeza. No llores por mí. ¿Acaso crees que merezco una sola gota de tus lágrimas?. No lo merezco. Yo no voy a llorar, voy a guardar todas mis lágrimas, para esta noche, cuando me tape con la fina sábana y busque tu cuerpo por los huecos vacíos de la cama y no lo encuentre.
Entonces lloraré, porque solo en ese momento seré consciente de que te he perdido y nunca más te volveré a tener conmigo. Esto es un paso más, de los muchos que a lo largo de la vida tendremos que dar.
Camino hacia la puerta. Ya tengo listas las maletas. Huele a despedida. A besos que se van. Al recuerdo de tu boca buscando salida por mi boca. Se despide mi cuerpo, pero mi alma sin embargo, se quedará unos días más vagando por esta casa, persiguiéndote hasta el baño, o la cocina. Esperando a que llegues a casa.
Tranquila, mi amor. Deja de llorar, o navegaré contigo por este mar salado que a la vez que nos aproxima, nos separa. Me voy. He dejado la cena preparada. Y he encendido el televisor para que haya ruido en casa.
Tranquila, no llores, no te hundas en el sofá. Un día entenderás todo esto que hoy te digo y que quizá tu tengas que decir en algún momento de tu vida, a alguien.
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