Eran los rojos, no el fraude

09/12/2013

Germán Temprano.

Ha tardado en romper a pensar pero ha merecido la pena. Dos años le ha costado al ministro Montoro averiguar que el problema de su gestión no es que su partido mintiera sobre la bajada de impuestos que luego subió, que su amnistía a los defraudadores se quedara a la mitad de las ya de por sí paupérrimas expectativas, que lance acusaciones en el Congreso contra artistas o deportistas sin nombre ni fundamento, que se meta a crítico de cine o en charcos con Industria con lo peligroso que es mezclar el agua y la electricidad. Lo grave de verdad es que la Agencia Tributaria esté llena de rojos. Lo extraño es que a una mente tan preclara no se le ocurriera antes que los técnicos fiscales, y no los mineros, los metalúrgicos o los campesinos, han sido de toda la vida de Marx cantera de auténticos revolucionarios izquierdistas.

Mientras anda escobón en mano levantando alfombras por si algún insurrecto se le ha quedado en los despachos aún tiene intelecto de sobra para legar a la Humanidad grandes citas que serán pasto de almanaques en el futuro. “El PP va a volver a ganar porque los mercados no son gilipollas”. Con independencia de la sublime síntesis económico-sociológica, al alcance de muy pocos, por no decir que sólo de él, el pensamiento delata un talante democrático de altos vuelos ¿Son los mercados los que votan? Sabemos que son los que mandan, con ustedes y con los otros, pero qué menos que un disimulo o un algo para que nos creamos que meter la papeleta cada cuatro años sirve aunque sea poco. Fíjese si valiera, por ejemplo, para prescindir de un ministro como usted. No nos quite las ilusiones, don Cristóbal, ahora que llega la Navidad.

Debe ser por eso que de aguinaldo nos ha dejado otras perlas dialécticas que llegarían a ofender de no ser porque el responsable de Hacienda empieza a ser, en su versión política, más personaje que persona. Por tanto sus consideraciones o te hacen reír por no llorar o te abochornan sin remedio. Sirva como ejemplo reciente ese “prefiero incumplir mi programa electoral que ver a mi país en un rincón deshecho y envuelto en andrajos”. Un papelón a medio camino entre Escarlata O’Hara y Águila Roja (roja, más que roja, que diría el ministro), en el que únicamente ha cumplido con creces la primera parte del compromiso. No ha cumplido su programa aunque justo es reconocer, eso sí, que, respecto a lo del país en el rincón y envuelto en andrajos, como dijera su fibroso líder ‘están trabajando en ello’ con sólidas esperanzas de prosperar.

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