El espíritu navideño

11/12/2013

Josep M. Orta.

Se acercan las navidades y estos días parece que a todos se nos ensancha el corazón, somos más solidarios incluso con los que tenemos más cerca (ser comprensivos con gente de la otra punta del mundo es muy fácil) . Incluso somos más amables y por las bocas no dejan de salir buenos deseos. Incluso somos más solidarios. Es el llamado espíritu navideño.

En la transición también se hablaba de “espíritu” y aún ahora se recuerda que el espíritu de los constitucionalistas era ese o aquel. Lo que pasó en aquel periodo es que casi todas las fuerzas políticas y los ponentes de aquel texto tenían la voluntad de ponerse de acuerdo, de limar diferencias y de dotar al país un instrumento que permitiera la transición. Fraga presentaba libros de Carrillo y el comunista Jordi Solé Tura era uno de los encargados de redactar la Constitución. Eran tiempos de diálogo y negociación, cuando todos estaban dispuestos a ceder para lograr el consenso, cuando todos buscaban subterfugios lingüísticos en los temas espinosos que posibilitara salidas a lo que parecían callejones sin salida. Era el  espíritu constitucional.
Han pasado años pero si algo ha desaparecido de la vida política española aquella voluntad de acuerdo y de buscar consensos . Incluso en los grandes problemas que tiene la sociedad prima la discrepancia y la bronca. Muchas sesiones del Congreso se parecen más a una pelea de patio de colegio que en una reunión de los responsables de legislar y controlar al Gobierno. Como botón de muestra, uno de los grandes problemas que tiene el país, el tema de Catalunya, no se ha tratado en profundidad en esta Cámara, en contraste con la multitud de declaraciones, contradeclaraciones, descalificaciones… que protagonizan las portadas de los medios.
El “espíritu navideño” o el “espíritu constitucional” donde imperaba la voluntad de llegar a pactos y solucionar problemas parece que hace años pasó a mejor vida.

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