2014: Si lo puedes imaginar lo puedes lograr

26/12/2013

Carmela Díaz.

Dar un portazo sin mirar atrás. Terminar etapas para iniciar nuevos rumbos, inciertos, desconocidos, pero anhelados.2014

Romper ataduras y rutinas, poniendo el contador a cero. Cortar de raíz todo lo que supone para cada cual la asfixiante sensación de estar malgastando la preciosa vida de la que se dispone. La única.

Nos aseguran que lo correcto es estudiar una carrera y un posgrado -o dos- y nos lo creemos. Que la gran inversión de nuestra vida es castigarnos con una hipoteca -o con dos- que nos esclaviza durante décadas y entramos al trapo. Sin rechistar. Que un empleo fijo es el súmmum de la felicidad junto con una pareja con la cual perpetuar tus genes y todos vamos cayendo en el redil sin prisa, pero sin pausa. Nos amoldamos a clichés establecidos sin tan siquiera cuestionarlos, cuando somos bien conscientes -y testigos a diario- de que a nuestro alrededor, la mayoría, se ahoga en la infelicidad. Muy pocos, poquísimos, disfrutan de la plácida existencia que realmente imaginan.

La amargura y las frustraciones se imponen por goleada a la plenitud y a la alegría colectiva. Pero casi todos se conforman y pasan por este mundo de puntillas, con muchas penas y pocas glorias.

Carmela Díaz

Carmela Díaz

¡No nos resignemos! Trabajar de sol a sol para pagar al banco los dichosos intereses o para cumplir con los impuestos estatales, autonómicos y locales -que impiden el más mínimo ahorro- no es la panacea. Tampoco acudir cada mañana, como si fuésemos al matadero, a acometer labores que detestamos, compartiendo tiempo y espacio vital con compañeros que nos resultan indiferentes en el mejor de los casos. Desperdiciar tiempo, energía, esfuerzo y hasta talento en cuestiones que nos resbalan en todos los ámbitos posibles, no es el ideal de vida.

Y luego están aquellos que suponemos hasta la fecha los hombres y mujeres de nuestra vida, pero con los que no somos felices. Esos que todo lo que pudieron, pueden y podrán ofrecernos son momentos. Divinos, pero efímeros. Placenteros, pero insuficientes. Memorables, pero breves. Sabrosones, pero amargos.

Con semejante panorama, deudas eternas que nos oprimen, rutinas asfixiantes que nos marchitan, “almas gemelas” que no nos pertenecen o amores imposibles en ciernes, ¿por qué no tomar la decisión que a muchos ronda alguna vez por la cabeza, pero tan solo un ínfimo porcentaje es capaz de acometer? Mandar todo al carajo y comenzar desde cero.

Si una parte de la vida se ha malgastado de idéntico modo al que de cualquier ciudadano medio se espera -¡qué existencias más grises, borreguiles, mediocres, previsibles, anodinas y desesperanzadoras!-, la segunda parte y el tiempo de descuento que el destino tenga a bien conceder, vivámosla como nos dé la real gana.

No hacer planes. Convertir cada nueva mañana en una página en blanco por escribir, dejando que los acontecimientos se sucedan sin premeditación ni alevosía. Destinar los próximos meses a navegar por los mares del mundo.  Sustituir el aire viciado de un cuchitril laboral  por la pureza de la brisa marina. Cambiar la dañina luz artificial por la luminosidad del astro rey al mediodía. Abandonar la oscuridad de las mañanas y las tardes -pre y post oficina- por las tonalidades rosáceas, violáceas y anaranjadas de amaneceres y ocasos. Olvidar a los opresores zapatos de tacón, a las corbatas y a las faldas de traje sastre: para caminar sobre la arena blanca o entre la espuma de sal, solo se necesitan los pies descalzos.    

Las ojeras permanentes y la palidez mortecina tornarán a un aspecto saludable y a un tono de piel dorado, favorecedor. El ceño fruncido a una sonrisa eterna. El puño cerrado sobre la mesa tras cada nuevo disgusto, problema y marrón, dará paso a unos brazos extendidos sobre la cubierta de cualquier embarcación mientras se navega rumbo al siguiente puerto.

No, no se trata de tornar a héroes. Tan solo de adoptar decisiones que están al alcance de todos, pero casi nadie se atreve a tomar. Muchos, por compromisos familiares y responsabilidades paternales ineludibles; pero otros cuantos, por miedo, por cobardía, por apatía, sin ser conscientes de que se están enterrando en vida, a pesar de disponer de la oportunidad de ser dichosos.

La llave de la felicidad propia es cosa de cada cual. ¿Volteamos en 2014 la cerradura que abrirá el corazón de nuestras ilusiones?

PD. ¡Les deseo  el mejor año de sus vidas! Y recuerden: si se puede imaginar, se debe lograr.

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