En primer lugar conviene aclarar que el uso de monedas virtuales no es algo nuevo. Existen otros tipos de monedas como son el Litecoin, Peercoin, Namecoin…
El problema las divisas virtuales es que no tienen un valor intrínseco, no son emitidas por ningún banco. Esto provoca que estén a merced de las fluctuaciones del mercado y que su valor crezca o disminuya bruscamente.
Una buena prueba de ello la hemos visto recientemente cuando la semana pasada se superaron los 1.000 dólares por unidad, pero que unos pocos días más tarde perdieron casi la mitad de su valor.
El motivo lo recordamos todos. El Banco Central Chino prohibió a sus entidades financieras operar con bitcoins ya que “no tienen valor real”.
¿Quién lo administra?
El bitcoin es un sistema sin bancos y se crean a través de algoritmos matemáticos. La cantidad de unidades en el mercado es limitada (de momento hay unos 12 millones y se dejarán de producir cuando lleguen a 21 millones).
Por tanto la oferta es limitada y su potencial depende del interés de los usuarios y su capacidad para ser utilizados en transacciones.
¿Cómo se consiguen?
Existen tres maneras de hacerse con bitcoins. La más sencilla es comprarla directamente a través de las casas de intercambio a cambio de dinero. La más popular es la japonesa Mt.Gox, aunque existen otras que se pueden consultar en Bitcoinwatch.
Una segunda opción es intercambiarla a cambio de trabajo o, la más complicada de todas, entrar en el proceso de minado.
El riesgo de los bitcoin
Como el resto de las monedas virtuales, bitcoin nace ante la necesidad de eliminar los costes de transacciones financieras. Por tanto, su utilidad está precisamente en poder comprar y vender a través de internet, pero en ningún caso para ahorrar.
Precisamente debido a su volatilidad y el hecho de no estar respaldado por ninguna entidad provoca una serie de incertidumbres acerca de los bitcoins.
Después de subir su precio de forma agresiva, animado por el hecho de que el Senado de EEUU diera aparentemente su visto bueno, en cuestión de pocos días cayó hasta la mitad de su valor.
Este hecho ha provocado que muchos lo vean como la “burbuja” del futuro, como en su día lo fue la construcción. Lo que sí parece claro es el interés que suscitan como solución a las comisiones por transacción.
El otro gran riesgo viene como consecuencia de su anonimato y su falta de regulación. Esto provoca que puedan ser utilizados para actividades delictivas como el narcotráfico o el lavado de dinero.
En definitiva, existe una gran incertidumbre sobre lo que sucederá con el bitcoin en el futuro. Pero lo que sí parece claro es que irrumpe con fuerza a la hora de realizar transacciones y como un modo nuevo de comerciar en el futuro.
Aviso Legal
Esta es la opinión de los internautas, no de diarioabierto.es
No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
Su direcciónn de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.