Ciudadanos de Burgos

13/01/2014

Joaquín Pérez Azaústre.

Ahora somos hijos de la furia, como Benjamin Blake. Hijos de la furia contrastada, tras agotar todas las vías no sólo institucionales, sino también de manifestación pacífica. Quizá nadie esperaba que la revuelta contra la soberbia gubernamental y su continuado abuso de poder fuera a nacer en Burgos, pero ha sido la calle burgalesa, en el barrio de Gamonal, la que se ha establecido en la conciencia de que el único poder constituyente es suyo, porque la única soberanía es la suya y también siguen siendo suyas las avenidas, los bulevares, las aceras y los parques agrisados de Burgos. Se mantienen dos centenares de ciudadanos burgaleses apostados en Gamonal, vigilados y fotografiados por agentes de la Policía Nacional. Las máquinas no han llegado aún para construir ese nuevo aparcamiento que obstruirá la ciudad y costará, por cada plaza fija, varios miles de euros, mientras la población demanda que se invierta en empleo.

“Las obras van a seguir. Habrá que presionar al Ministerio del Interior para que disuelvan a los manifestantes, porque nosotros tenemos que continuar con el proyecto”, asegura el Jefe de Prensa del Ayuntamiento. Mientras, el secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez Vázquez, incide en la teoría de la conspiración de esos “grupos violentos que se desplazan y generan un enorme daño social”. Cualquier explicación es válida para el Ejecutivo, excepto aceptar el descontento público. El barrio de Gamonal es un distrito obrero, y con cerca de cuarenta detenidos y varios heridos han recuperado un espíritu de clase que parecía olvidado en las aceras patrias. Con la noche se vuelve a la pancarta convertida en emblema de una identidad, pero también de la dignificación propia. Esta gente de Burgos nos está devolviendo la identidad perdida, la furia imprescindible. “El pueblo unido jamás será vencido”, “Gamonal no quiere bulevar” o “Libertad a los detenidos” no son gritos de guerra, sino las voces proteicas de un hartazgo. Tras las reuniones, una cacerolada, una marcha hasta la comisaría del Cuerpo Nacional de Policía para reclamar a los detenidos y una concentración ante el Diario de Burgos. No todos son guerrilleros urbanos: también hay familias, con abuelos y nietos, y mujeres que empujan sus cochecitos de bebé. Gente angustiada, gente ya muy quemada.

“Por más que le pedimos al señor alcalde que nos reciba, no nos hace caso. ¿De qué democracia hablamos cuando las autoridades no quieren dialogar con los ciudadanos?”, se pregunta Ana Moreno, una de las impulsoras de la plataforma Bulevar Ahora No. No desean la violencia, pero cuando el poder te pasa por encima como una excavadora, y nadie garantiza tus derechos, ¿qué otras opciones quedan? Es emocionante comprobar cómo este movimiento de indignación pacífica, progresivamente acorralado, ha reivindicado la presencia vecinal de los viejos, formando parte de todas las manifestaciones, la constante denuncia, en esa voz dormida que de pronto despierta, como en la novela de Dulce Chacón, para recordarnos que la ciudadanía no se da por supuesta, sino que se pelea cada día con coraje y razón.

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