El Parlament catalán aprobó el jueves, por una mayoría significativa, la propuesta de reclamar al Congreso la delegación de competencias para posibilitar que los catalanes se pronuncien sobre su futuro. Esta iniciativa fue inmediatamente descalificada tanto desde el Gobierno como por los principales partidos. Se puede hacer la lectura que el precedente protagonizado por el lehendakari Ibarretxe les hace valorar que esta iniciativa está condenada no sólo al fracaso sino también a una humillación en toda regla de los miembros de una Cámara que no se significa por el respeto a las ideas de los adversarios.
Es un planteamiento peligroso dado que está claro que cuando se debata la propuesta en la Cámara baja el resultado está cantado dado que las dos principales fuerzas se oponen a la posibilidad que los catalanes decidan su futuro.¿Es Artur Mas y el Parlament tan ingenuo como para no conocer esta situación? O lo que buscan no es otra cosa que recibir este trato para aumentar en Catalunya los sentimientos secesionistas que ya son más que significativos en la sociedad catalana unos con planteamientos de “España no nos quiere” y otros con el de “España nos roba”.
¿Acaso el PP se puede vanagloriar de su recurso ante el Tribunal Constitucional sobre el Estatut votado por el pueblo? ¿Se han olvidado que el portazo que Rajoy dio a Mas cuando le planteó que Catalunya quería un pacto fiscal? ¿No se dan cuenta que el president de la Generalitat es el moderado en este problema y si se celebraran elecciones posiblemente las ganarían posturas mucho más radicales y que otras plataformas han demostrado ser capaces de sacar millones de personas a la calle reclamando la consulta? ¿Perciben que las palabras ofreciendo diálogo realizadas desde la Moncloa son brindis al sol? ¿Se han planteado que “el conflicto interno” con que califican los dirigentes internacionales ha tenido más repercusión en el mundo que el encuentro Obama-Rajoy?
De momento los planteamientos aprobados en el Parlament ya ha tenido la primera consecuencia: la grave crisis abierta en el PSC, no sólo porque tres diputados rompieran la disciplina de voto y un cuarto, el alcalde de Lleida renunciara al escaño por no romper la disciplina impuesta por el partido, todo ello acompañado por la renuncia a los órganos de dirección de significativos dirigentes socialistas. Esto ha ido acompañada por una carta de un centenar largo de “notables del partido”, (desde ex consejeros en la época del gobierno tripartito, alcaldes y el ex ministro Joan Majó) respaldando la postura de los disidentes. A ello se suma el goteo de concejales socialistas que en sus ayuntamientos van votando las mociones reclamando la consulta. Algunos de estos dirigentes ya contemplan la posibilidad de crear su propio partido que cubriera el espacio de un socialismo nacionalista.
La sumisión de la actual dirección del PSC a las consignas emanadas del PSOE y su consiguiente rechazo de una parte importante de su ya menguado electorado. Según los estudios demoscópicos unos se quedarían en casa, otros engrosarían las filas de partidos nacionalistas y un sector más que significativo introduciría en las urnas la papeleta de Ciudadanos (un partido que además previsiblemente recogerá no pocos votos de los que habían votado al PP).
Si el PSC no recupera –hecho poco previsible- a su antiguo electorado difícilmente el PSOE tendrá posibilidades de acceder a La Moncloa dado que Cataluña –junto a Andalucía- era el granero de diputados socialistas.
La votación del Parlament, como se ve, ya empieza a tener consecuencias más allá de la guerra dialéctica
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