Con independencia de sus políticas, su facilidad para los idiomas o la más contrastada para meter la pata, a la alcaldesa Ana Botella hay que reconocerla un valor que para sí lo quisiera yo antes de ir al dentista. Haber viajado al Foro de Davos no es tan temerario por tener que expresarse en inglés como por el tema elegido para su disertación. Hablar de economía madrileña, de la de verdad, comporta dar cuenta de algunos indicadores que más invitan a ir al muro de las lamentaciones que a la ciudad suiza. Como no es previsible que ella los exponga, baste recordar, en apretada síntesis que se decía, que, desde la llegada de la hoy alcaldesa al Ayuntamiento, hay más paro, se pagan más impuestos, las dotaciones públicas están más deterioradas y los servicios son peores aunque, eso sí, más caros. Por lo demás bien.
El truco al que ha recurrido Botella desde su llegada a la máxima responsabilidad municipal es silbar ante el implacable peso del pasado. Es decir, presume de reducir deuda (prácticamente sólo intereses y eso a cambio de mermar la calidad de vida de los ciudadanos) como si el ‘marrón’ financiero del que fue copartícipe desde otras responsabilidades lo hubiera heredado de las hordas social-comunistas o le hubiera tocado en una rifa benéfica. El PP gobierna la capital desde hace más de veinte años. Alguien se lo debería comunicar a la inventora del ‘relaxing cup’ por si preguntan en los pasillos de ese flamante foro económico mundial. Menos flamante, cierto es, desde que se supo de la ausencia de Rajoy. Un hueco, por concreción y magisterio económico del estadista gallego, que será muy difícil de llenar.
De todos modos con Botella el listón seguirá tan alto como para no ver lo que pasa en la calle o, lo que es más probable, no querer verlo. Y lo que pasa es que en la ciudad hay 270.200 parados y paradas, según los últimos datos EPA, que la promesa de Gallardón, asumida por su sucesora, de crear 150.000 empleos en la Legislatura era, es y será humo porque ni podía ni él mismo se lo creía. Claro que para el tiempo que le quedaba en el convento pues eso. Y pasa que desde 2003, año del desembarco del hoy ministro presuntamente progresista y su equipo, incluida también la heredera del sillón, el IBI se ha triplicado para, por ejemplo, una pensionista con vivienda de protección oficial. Y pasa que la misma anciana habrá esperado más de un año para tener una mínima ayuda a domicilio y pasa que desde el 1 de enero de este año tendrá que re-pagar la teleasistencia pese a que le reducen el servicio.
Y también pasa, ya puestos a colaborar en esa disección de la situación de la capital que en Davos se ocultará, que hay barrios que no están en Cibeles ni Serrano ni alrededores, es decir que no sirven para la postal, en los que la limpieza de las calles se hace tarde, mal y nunca por falta de recursos, los parques tienen más calvas en el césped que un congreso de hare-khrisnas, las instalaciones deportivas están totalmente abandonadas (Gallur, Cárcavas…), hay centros sociales pagados con dinero público y construidos que se han vuelto a deteriorar sin haberse usado (un centro de Alzheimer en el distrito de Latina, por ejemplo) o bibliotecas que se han tardado años en abrir (Carabanchel) porque no había ni para libros. Eso sí, para pagar a los bancos no falta: uno de cada cuatro euros del presupuesto total se destina a este fin. A ver si en Davos se enteran.
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