Las negociaciones entre Repsol y el Gobierno argentino sobre la indemnización por la expropiación del 51% de YPF han avanzado en las últimas semanas, pero a las dificultades propias de un acuerdo de estas características se une la crisis económica que atraviesa ese país, más grave de lo que habitual en esa nación suramericana. Ahora está siendo el hundimiento de su moneda, el peso argentino, si bien en días pasados ya se detectó que el Club de París (formado por las naciones deudoras) no aceptaba las tesis del ministro de Economía, Alex Kicillof para hacer frente a sus compromisos, lo que se traduce, entre otros temas, en la imposibilidad de Argentina para lograr financiación en el exterior.
Una situación que repercute en las citadas conversaciones que se iniciaron a raíz del encuentro entre el ministro de Industria, José Manuel Soria, con ejecutivos de Pemex -que cuenta con el 9,2% del capital de Repsol-, así como con el Gobierno de Argentina y directivos de YPF (estos últimos en un segundo plano).
El preacuerdo alcanzado en esos encuentros, que se originaron por el interés de Pemex en que Repsol firmase la paz con Buenos Aires y el de Soria en que los mexicanos dieran carga de trabajo a los astilleros gallegos, consistía básicamente en indemnizar a la empresa española por el 51% de YPF con una emisión de bonos de ese país en dólares por un importe de 5.000 millones.
Si bien Repsol aceptó este punto de partida su intención era lograr garantías adicionales a esos bonos que, pese a que en teoría es un activo líquido, si se venden antes del periodo de vida de ese papel se debe asumir un fuerte descuento.
El tiempo pasa y algún accionista parece preocupado por el panorama actual, que se ha agravado en las últimas horas. El consejo de Repsol de la próxima semana volverá a examinar el estado de estas conversaciones.
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