Cuando el talento y la profesionalidad capitanean un proceso, el resultado bordea la excelencia. Traducido al cristiano: si el enchufismo, amiguismo y nepotismo patrios -tan inherentes a la casta que todo emponzoña- no hincan su zarpa, somos capaces de obtener el sobresaliente. ¡Y de qué manera!
No pude seguir en tiempo real la emisión de “El tiempo entre costuras” -mi vida es caótica, la hiperactividad es lo que tiene- pero este fin de semana al fin disfruté de los episodios pendientes. Solo me resta proclamar un ¡¡¡enhorabuena a todos los implicados!!!
Soy de las que, por costumbre, despotrica sobre adaptaciones literarias: si una novela es buena-buenísima, resulta complejo transmitir en pantalla su esencia con convicción. Con esta serie me ha ocurrido lo contrario: aun gustándome, el libro no me emocionó pero el serial televisivo es maravilloso. ¡Y ojo! Vaya por delante que me quito el sombrero ante María Dueñas por varios motivos. El primero: vender libros hoy en día es tarea de titanes. A un autor que supera los dos millones de ejemplares, hay que reverenciarle. Segundo: partió de cero sin ser “la nada de nadie”, ni contar con campaña -de marketing o mediática- alguna. Es más, me consta que al principio las ventas no acompañaron y este aclamado título a punto estuvo de pasar a mejor vida. Las librerías lo devolvían por falta de lectores y solo el empeño de unos pocos consiguió mantenerlo en las estanterías in extremis. Transcurrido más de medio año desde su publicación comenzó a despuntar -si en el primer trimestre una novela no tira, es defenestrada; da igual que se trate de una obra maestra, la tiranía de las cifras y las cuentas de resultados editoriales se anteponen a la calidad literaria. Y tercero: Adriana Ugarte es muy buena Sira, pero semejante pedazo de personaje no existiría sin el arte de la autora. Al igual que reconozco que el libro no me convenció, a la costurera humilde reconvertida en sofisticada espía -mujer que resurge desde el abismo, luchadora, valiente, leal, comprometida- la considero uno de los personajes literarios femeninos más logrados de los últimos años -junto a la incombustible Teresa Mendoza de Pérez-Reverte.
De la adaptación entusiasma cada detalle: dirección, guion, casting, escenografía, producción, fotografía, localizaciones, ambientación -el taller madrileño de la protagonistas es glamour en estado puro-. Qué decir sobre el vestuario, la peluquería o el
maquillaje ¡soberbios! La entrada triunfal en el Ritz con modelazo blanco, turbante estiloso y Vuitton en mano, el imperial vestido de fin de año en el Casino, los pomposos cuellos de piel, tocados y sombreros, o el traje cóctel con espalda descubierta para seducir al cosmopolita millonario portugués, son tan míticos como los estilismos de las estrellas de Hollywood en su época dorada.
La banda sonora de César Benito es inconmensurable: si te abstraes manteniendo la atención en la pantalla y en los acordes, la sensación resulta cinematográfica. Las interpretaciones casi en su totalidad, están a la altura. Además de la omnipresente Adriana Ugarte que carga con todo el peso de la trama, Raúl Arévalo se luce en un papel dual, Elvira Mínguez borda el papel de la madre de Sira, dudo que exista una Candelaria más apropiada que Mari Carmen Sánchez, Carlos Santos está para adoptarle como Félix, y lo que para mí ha supuesto un descubrimiento arrebatador: Filipe Duarte. Me creo al oscuro personaje Da Silva solo con su mirada. A partir de ahí, todo lo demás con este hombre…
Debemos felicitar a los que han formado parte de este proyecto de ficción española de extraordinaria calidad. A Antena 3 y a Boomerang TV por atreverse con una apuesta compleja en tiempos difíciles: que nos sirva de lección y ejemplo. Y por supuesto, a Temas de Hoy y a la autora. Su pluma es el pilar de este éxito.
Una reflexión final: cuando los españoles tiramos de talento, esfuerzo, profesionalidad, excelencia, coraje, dedicación e ilusión somos imbatibles. Dejando de lado a los impresentables que nos dirigen, sabemos y podemos.

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