Todo lo que me enseñaron mis padres resultó ser mentira. A ver, entiéndanme, no es que mis progenitores fuesen unos mentirosos patológicos. Qué va, lo que pasa que todo lo que me repitieron machaconamente hasta que salí de casa para ir a la Universidad ha resultado una falacia. Era verdad, su verdad, la que reflejaba los tiempos que ellos vivieron, muy duros por cierto, no lo pongo en duda. Pero aquellos enunciados han resultado ser nada ciertos.
Era falso lo de trabaja duro y mantén tu puesto de trabajo en la misma empresa, escalarás posiciones y podrás jubilarte tranquilo. Falso: no conozco a nadie de mi generación que haya pasado muchos años en la misma compañía (tampoco es que eso me parezca lo idóneo en una trayectoria profesional, no nos engañemos). Y no sé si nos jubilaremos, en todo caso si lo hacemos, será cuando no tengamos casi dientes y para cobrar una pensión pública de miseria, si es que la cobramos. De todas formas, ¿ pensar en ese futuro, lejano, si bastante tengo con sobrevivir en este presente?
Era falso lo de estudia, haz una carrera, que te asegurará un buen puesto de trabajo. Ojo, no estoy diciendo que no formarse sea mejor, en absoluto. Pero lo de los estudios universitarios como garantía de un buen puesto también resulto ser otra falacia: acabé en Periodismo por vocación, porque a esta profesión no se puede llegar de otra forma, hablo cuatro idiomas, he publicado varios libros, empecé a desarrollar mi carrera en el extranjero. Y aquí me tienen, soy una pobre ilustrada, como otros tantos compañeros periodistas, u otras categorías profesionales, que malviven, sobreviven y aguantan como pueden.
Era falso lo de que alquilar era tirar el dinero. ¿Cuántas veces le oí aquella frase a mi padre? Cientos. Miles. “Hija, no alquiles, en cuanto puedas compra, que será tuyo y un piso nunca baja de precio, siempre sube”. Al quedarme embarazada me compré un pisito en Madrid, pequeño y caro. Muy caro porque me pilló en la cresta de la ola inmobiliaria. Y aquí estoy, con un hipotecón que no quiero pararme a calcular cuándo saldaré mi deuda porque lo más seguro es que ésta le llegue en forma de maldita herencia a mis descendientes.
Todo lo que mis padres me transmitieron resultó ser mentira.
Hasta lo de que las relaciones son para siempre, pero eso no emanaba de mis padres, sino de las películas de Hollywood, y de todo lo anterior lo cierto es que es lo que menos me preocupa y lo que nunca me creí.
Al final, todo era mentira, y lo de los Reyes Magos resultó ser lo menos falso.
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