La reforma laboral nos acerca a China

03/02/2014

Maite Vázquez del Río.

Nos aseguró Mariano Rajoy que la reforma laboral -exigida por la UE y, más en concreto, por Angela Merkel- iba a ser el bálsamo de Fierabrás y que se verían sus resultados más pronto que tarde en la creación de empleo.

Pasados dos años ya se están viendo y, a la vista de los datos, de creación de empleo nada de nada. En el ámbito del mercado laboral la botella sigue medio vacía, por mucho que mande callar el presidente del Gobierno a quien no comulga con sus ruedas de molino. Al menos, la Encuesta de Población Activa ha elevado la tasa de paro al 26,3% (en el tercer trimestre se había logrado bajar unas décimas ese fatídico listón del 26%). Y eso que ha caído la población activa, entre los extranjeros que han decidido volver a su país en busca de las oportundidades que ya no les ofrece España y los jóvenes que han seguido los consejos del Gobierno de emigrar a otros países donde es posible que sí puedan encontrar un puesto de trabajo.

Descartada, pues, la creación de empleo, que sólo ha sido posible gracias a la recuperación del turismo -nada tiene que ver con la reforma laboral sino con que los turistas extranjeros han decidido venir a España porque en otros lugares, como Egipto, no hay seguridad suficiente para pasar unos días de vacaciones-, o el aumento de las exportaciones o las ventas de vehículos gracias a la apuesta de los fabricantes extranjeros por sus plantas españolas.

Entonces, ¿para qué está sirviendo la reforma laboral? Una vez más los datos lo confirman: para bajar salarios, reducir las indemnizaciones y sustituir trabajadores con contrado indefinido por contratados temporales, a tiempo parcial, o en formación y  aprendizaje. Precarización de condiciones laborales y salariales. Eso es todo. Lo confirma el Observatorio de Seguimiento de la Reforma Laboral’, elaborado por la Fundación Sagardoy, el Club de la Excelencia en Sostenibilidad y Adecco.

A la luz de los datos del observatorio resulta que las grandes empresas han recortado de media un 10% los salarios auspiciadas por la necesaria «flexibilidad interna» que introdujo la reforma. Pero también el 40% de las empresas de más de 50 trabajadores han cambiado «sustancialmente» las condiciones laborales de sus trabajadores; otro 40% ha utilizado la «movilidad funcional» y un 20% la «movilidad geográfica», o se cambia continuamente la jornada en función de las necesidades de producción.

Con todos estos cambios, evidentemente, las empresas españolas se han vuelto más competitivas. O lo que es lo mismo, solo parece que recortando salarios y rebajando al mínimo los derechos laborales se es más competitivo, porque pese a estar en Europa y pertenecer a la eurozona, en el mercado laboral nos empezamos a parecer cada vez más a China.

El problema es que el ‘otro lado de la pata’ sigue cojeando, porque ¿dónde están los buenos gestores?, ¿qué se hace para innovar?, ¿se reinvierten los beneficios -que ya los hay- en mejorar la producción o introducir mayores avances tecnológicos…?

Los expertos del observatorio nos aseguran que el «ajuste» salarial prácticamente «está hecho»; reconocen que las indemnizaciones por despido -otro logro de la reforma- se han reducido, en el caso de los despidos colectivos, a 26 días por año…

Pese a estos ‘avances’ reconocen que hacen falta políticas activas que incentiven la contratación. Vamos que se bonifique con dinero público a aquella empresa que contrate, porque la reducción de salarios, el aumento de la precariedad y la eliminación de derechos no es suficiente. Lo curioso es que apelan por reducir los contratos temporales, Si hay bonificación por medio seguro que es posible. También piden a los empresarios que se acuerden de los jóvenes, porque hay un ‘plan de empleo juvenil’ que cuenta con subvenciones europeas y nacionales.

Hemos pagado el rescate a la banca, y sacrificado nuestro salario y condiciones laborales para no perder el empleo. A base de tanto esfuerzo casi se nos están rasgando los ojos para parecernos más a los trabajadores chinos. A los ‘caramelos’ solo tienen derecho los empresarios. Pero como manda el presidente, nos tenemos que callar…

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