Hace no tanto, contábamos con extrañeza cómo el mercado había reaccionado con una alegría no prevista al anuncio de que comenzaban a retirarse los estímulos y subrayábamos que antes o después el asunto se dejaría sentir. Pues ya ha llegado ese momento.
Mucho me temo que lo que está «descontando» Wall Street no es tanto la retirada de estímulos tal y como se planteó, con un ritmo que se adaptaría a las circunstancias de cada momento, sino el hecho de que ese ritmo adaptaticio vaya a ser sustituido por otro bien distinto: 10.000 millones menos cada mes.
Creo sinceramente que el hecho de que el ISM haya pasado de 56 a 51 en enero no es una buena noticia, pero también creo que tampoco es para derrumbarse. La magnitud de la reacción no viene por el mal dato, sino por el mal dato en estos momentos. Descarto absolutamente que la industria americana haya notado los efectos nocivos de la retirada de estímulos en el primer mes en que se retiraron los primeros 10.000 millones, pero el mercado ha decidido hacer causa de ello y enviar un mensaje alto y claro a la Fed.
Y el mensaje ha sido claro. Nos vamos al garete si seguimos en este plan. ¿Y la Fed? Creo que esta vez, nada de nada. Ya dijo alguno de sus miembros que la Fed se sentiría cómoda con un retroceso significativo del mercado. Mucho me parece que están estableciendo un pulso de imprevisibles consecuencias.
De momento, el pulso se ha saldado con una caida del Dow Jones del 2,08%, de un 2,28% en el S&P 500 y de un 2,61% en el Nasdaq Composite. Sin frenos y cuesta abajo...
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