“O te callas” (De cómo Mariano Rajoy reivindica a Alfredo Pérez Rubalcaba)

04/02/2014

Joaquín Pérez Azaústre.

“¡O te callas, o reconoces el mérito de la gente!”, le ha increpado Mariano Rajoy a Alfredo Pérez Rubalcaba, mientras era jaleado por sus 2.000 dirigentes y militantes que enfervorecían entre el público. Se ha pasado Rajoy nada menos que tres años repitiendo aquello de “Yo tengo un mandato”, y ha olvidado que Rubalcaba tiene otro también: el recibido por los votos de casi siete millones de españoles, que siendo la cifra más baja del historial socialista sigue siendo una cifra digna de tener en cuenta. Si hemos aceptado un sistema de representación en el que Rajoy tiene un mandato, también Rajoy debiera comprender que hay otros mandatos además del suyo. Y que si él, como candidato del PP, representa a sus casi 11 millones de votos, y como presidente a la población, también el líder de la oposición tiene un mandato representativo: el de esos casi 7 millones de votantes, a los que no se puede amordazar.

Estamos ya tan hechos a tener un presidente que miente de forma sistemática, acompañado de una remesa de voceros capitaneados por María Dolores de Cospedal, que ha convertido el engaño nebuloso en la monotonía matutina del café ante los titulares, que Mariano Rajoy manda callar a los casi 7 millones de españoles representados por Pérez Rubalcaba y aquí no ocurre nada. Qué va a pasar, si en agosto aseguró en el Congreso que cuando conoció las cuentas suizas de Luis Bárcenas ya no trabajaba en el PP, ni tenía contacto alguno con él, y al día siguiente salieron los famosos mensajes de móvil que le dejaron como lo que es: un mentiroso. Ante semejantes despropósitos, falsedades, embustes a la carta y a la cara, que Rajoy mande callar al líder de la oposición y encima lo jaleen sus hooligans confesos es un hachazo más a nuestra democracia, que en sí mismo valdría para exigir su dimisión, pero que por desgracia ni será el último, ni el más significado, ni tampoco, me temo, el más dañino.

Volvió Rajoy a la carga con el fantasma de la herencia recibida para justificar sus políticas. Uno se pregunta qué tiene que ver esa presunta herencia recibida con la Ley de educación, la Ley del aborto, la Ley de seguridad, la privatización de la Justicia, el intento de control no sólo de los medios de comunicación pública, sino también del resto, y una reforma laboral que solamente ha traído destrucción masiva de puestos de trabajo y recortes de derechos para los ciudadanos. Pero el asunto, claro, era otro.

Rajoy, como todo hombre débil, precisa golpear una sombra invisible para fortalecerse mientras siente el aliento de sus devocionarios. Rubalcaba era, hasta hace tres días, una sombra invisible, sin apenas volumen político en los hombros. Al mandarlo callar abruptamente, sin delicadeza y sin estilo, sin ningún respeto democrático, Rajoy nos lo ha devuelto a nuestra arena pública: a él y a sus 7 millones de votantes. “El mérito de la gente”, por ahora –y espero que Rajoy lo reconozca-, consiste en aguantar toda esta amalgama de estulticia y maldad sin salir a la calle a reventarla.

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