Recordando la UCD

04/02/2014

Josep M. Orta.

Una de las primeras lecciones que recuerdo de la lejana infancia es que “las plantas nacen, crecen, se desarrollan y mueren”. Después he comprobado que esta definición se puede ampliar a casi todas las facetas de la vida.

Viene a cuento estos recuerdos con la actual situación de la vida política. Las recientes convenciones semanales en las que los dirigentes del Partido Popular parece que están convocadas para idolatrar a su líder y –en claro divorcio con la sociedad- presumir de su gran  gestión como gobierno. Ello me ha recordado aquella UCD que-según sus dirigentes- tenía que gobernar cien años.

Corren malos tiempos para los populares. Han pisado los callos a muchos de sus votantes que empiezan a darles la espalda según las encuestas. El amplio espectro que están cubriendo –desde la extrema derecha hasta el centro- se les resquebraja. Esa fue la gran obra de Aznar: aglutinar a estas fuerzas y convertir una vieja Alianza Popular con vocación de oposición a un partido de gobierno. Lo han conseguido durante muchos años pero justamente ahora que controlan la gran mayoría de las administraciones empiezan a surgir escisiones y discrepancias internas más o menos profundas.

Unos (como UPD, Vox, Ciudadanos) buscan ganarse el favor de un sector de votantes del PP. Otros rebelándose por algunas de las impopulares decisiones del Gobierno mediante declaraciones a los medios de comunicación (al fin y al cabo un político pasa oposiciones cada cinco años). Sin embargo todos estas discrepancias internas, algunas de fondo, desaparecen de los discursos de las convenciones o en los órganos de gestión del partido transmiten la imagen de “votaciones a la búlgara”. Siempre he sido escéptico ante las unanimidades o adhesiones inquebrantables para transmitir una efímera imagen de unidad que evidentemente no resuelve los problemas internos.

Ahora el PP tiene un poder casi absoluto en todas las administraciones como en su día lo tuvo UCD que en las elecciones de 1977 y 1979 rozó la mayoría absoluta, pero en las siguientes, tras cainitas guerras internas, sufrió un grave descalabro en el que no logró el acta su candidato a presidente.

No es imaginable que ahora esta situación se repita, pero sí que parece verosímil que a los populares le crezcan más enanos de los previsibles.

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