Europa se japoniza

17/02/2014

Miguel Ángel Rodríguez.

Se viene hablando durante tiempo del denominado riesgo de japonización de la economía europea.

La opinión más generalizada entre los analistas y economistas es que la posibilidad de que este proceso ocurra en Europa es prácticamente inapreciable. Como en otras ocasiones he comentado, este tipo de valoraciones suelen tener en cuenta la trayectoria de la economía en el país o zona en cuestión y Europa, con las diferencias que se dan entre sus países, de lo que ha adolecido es de todo lo contrario.

Cuando hablamos de japonización, lo hacemos de una economía que se ralentiza hasta el punto de mantener largos periodos de crecimiento cercano a cero e incluso de recesión, con niveles de precios generalmente decrecientes, esto es, deflación e incapacitada para crear nuevos puestos de trabajos.

En Japón se han venido dando todas estas circunstancias desde mediados de los años 90 y su economía haciéndose cada vez más pequeña, en un proceso de contracción reiterado.  El nivel de empleo, en comparación con el europeo, se ha mantenido alto y no porque se haya generado empleo sino por la estructura económica y social de este país, en el que el nivel de pleno empleo está en torno al 2% y tasas superiores al 5% se consideran anormales.  Como vemos muy diferente a las europeas e incluso norteamericanas.

A todo este escenario desfavorable se le une el hecho  que la divisa nipona, el yen, ha tenido una tendencia secular al fortalecimiento dado el carácter netamente exportador de Japón. Este yen más fuerte ha obligado al Bando de Japón a convertirse en el banco central con más experiencia en intervenciones en el mercado para debilitar su divisa.  La divisa sobrevalorada no solo pone obstáculos a la competitividad de los productos del país y con ello al crecimiento sino que aporta un factor depresor en los precios que viene bien cuando el peligro es la inflación, pero se convierte en un elemento negativo cuando de lo que se trata es de salir de la peligrosa espiral deflacionista.

El Gobierno japonés de mano del primer ministro Shinzo Abe , junto con el Banco de Japón se embarcaron desde hace algo más de un año en una política monetaria ultra expansiva que , de momento, está teniendo éxito y está consiguiendo subidas de precios y una pronunciada devaluación de la divisa nipona.   Es la primera vez en más de una década que Japón parece salir del laberinto en el que se encontraba.

Pero en este mundo globalizado, lo que se hace en un sitio tiene efectos en todos los demás.  La política japonesa está sacudiéndose sus males pero con exportaciones más baratas y mayor crecimiento , está trasladándonos parte de su problema.

Aunque no se vea o no se quiera ver, la economía europea, vista en su conjunto, se encuentra en un proceso muy parecido al que Japón tuvo al comienzo de su gran crisis.  Provocado por burbujas de créditos y de sobrevaloración inmobiliaria que se han venido abajo, una gran crisis bancaria que no se ha atajado desde el primer momento con la decisión que por ejemplo lo hizo Estados Unidos, una restricción del crédito que ahoga la economía y un banco central inoperante.

Los datos son claros.  Los crecimientos de los países de la eurozona son negativos o cercano a cero. Los dos países más grandes de la eurozona han publicado los datos de PIB. Francia, con gran alivio de estar en lado positivo, proclama un 0.3% en el 2013.  Alemania, la más potente llega al 1.5%, después de varios ajustes contables.  La inflación armonizada va cayendo décima a décima para situarse en un 0.6% interanual.

Y el único dato positivo de todas las economías es el de la exportación, por ningún sitio mejora ni el consumo interno ni la inversión de capital.  Esto, además de otros flujos procedentes de despalancamiento y de compras de algún banco central, hace que el euro siga al alza y sobresalga del resto de las divisas, como lo ha hecho el yen en su historia, presionando a la baja el nivel de precios y aportando un elemento restrictivo a la economía europea.

Hace poco, hemos oído hablar al número dos del BCE , Coeure, de tipos de la posibilidad de implementar tipos negativos y en Davos, el mismo Draghi, habló de Quantitative Easing .  No me cabe ninguna duda que la gran preocupación de nuestro banco central es evitar una japonización de Europa,  que aunque no tenga por qué ser similar en todos sus aspectos si puede producir efectos similares.

Miguel Ángel Rodríguez es analista de XTB

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