Rajoy y la semántica

25/02/2014

Germán Temprano.

Esta nueva edición del Debate del Estado de la Nación, más que nueva
digamos última pues se parecen unas a otras como gotas de agua, sí ha
servido al menos para certificar que con Rajoy todo se reduce no a un
problema político sino semántico. De saber a quien se refiere cuando usa
la forma verbal en plural ‘hemos’ o ‘estamos’ todo sería más sencillo. Como
no lo aclara no es de extrañar que cuando asegura que ‘hemos’ visto la
luz, nos ‘hemos’ recuperado o ‘estamos’ saliendo de la crisis sea tomado,
respectivamente, por un líder de una secta religiosa, un corredor de fondo
reconfortado por una bebida isotónica o un esposo que capea un mal momento
en su matrimonio. Fuera de eso la expresión no tiene ni pies ni cabeza si, como
parece, quiere convencer de que este país tiene un esperanzador presente y
un deslumbrante futuro. Sólo desde el desconocimiento de lo que pasa en la
calle, que no coincide necesariamente con el torrente de cifras macro de las
que alardea, desde la insensibilidad social o de la simple mentira se puede
pintar un escenario que, de tan triunfalista, ofende.

Ni los aplausos ni los jaleos ni las patochadas de sus señorías, que suelen ser
más intensas entre los más vagos para llamar la atención y que no les olviden
en las próximas listas, son capaces de solapar tanto desparpajo. Echar mano
de los anuarios estadísticos para enterrar la realidad diaria es un truco tan viejo
como deleznable. Es posible que las exportaciones hayan subido en el último
trimestre pero esa buena nueva se la cuenta a usted a una familia en paro con
una madre o un padre dependiente. Seguro que les consuela mucho saber que
no tienen empleo, que no pueden poner la calefacción, que no tienen ayudas,
pero que, eso sí, hemos vendido unos cientos de kilos más de mandarinas a
los Países Bajos. Seguro que es muy importante en el proceso económico, lo
que ocurre que la supervivencia más que importante es vital.

Y, aunque se lo calle o no tenga ni idea, preocupante una cosa y la otra, en
este país, y digo en este y no en ese sobre el que debate consigo mismo el
presidente, en millones de casos se trata de eso ¿Sabe usted que una anciana
puede llegar a pagar por estar caliente en invierno en su casa la mitad de su
pensión? Y eso con suerte de poder abonarlo. Yo sí ¿Sabe que también tiene
que pagarse por lo privado la teleasistencia porque donde vive han recortado la
pública? Yo sí ¿Sabe que hay cientos de miles de ciudadanos explotados, sin
contrato o con contratos impresentables que se parten el lomo por llevar a casa
una miseria de sueldo? ¿No le cuentan eso sus brillantes asesores o es que no
se tratan con semejante chusma? ¿Se acuerda cuando incluso usted, con un
salario de político galáctico, decía que le costaba llegar a fin de mes? Eso sí,
omitió entonces su nómina que luego, por cosas de las que usted evita hablar
salvo si se trata de enviar algún SMS, se supo. Eso sí, la prima viento en popa.

Por cierto, olvidaba, y de justicia es loarlo, que a la misma anciana que antes
citaba, el Ministerio de Trabajo le ha enviado una carta para informarle de que,
pese a la crudeza de la crisis y de los miles de millones que les hemos tenido
que dar a los bancos, este Gobierno, con un esfuerzo poco valorado por la
hordas que se manifiestan en las calles, le ha subido la pensión algo más de
un eurazo. Es decir, más incluso de lo que ha costado enviar esa vergüenza
epistolar. Pero en estas cosas no reparamos. Siempre nos quedamos con lo
malo.

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