Báñez saca las castañuelas

04/03/2014

Germán Temprano.

No hace muchos meses para que la ministra Báñez valorara los datos del paro casi tenía que dictar la Interpol una orden de busca y captura. No había manera de que apareciera. Nada que ver con esa media hora escasa que ha tardado en besar una estampita de la Virgen del Rocío y salir con las castañuelas a jalear las estadísticas del mes pasado y ese cambio de tendencia en el mercado laboral que dice ella que se ha producido. No puedo estar más de acuerdo aunque me temo que los argumentos son bien diferentes. Febrero ha sido un mes tradicionalmente hostil para el empleo. Que en este año, aunque poco, se haya reducido el número de personas sin trabajo es una buena noticia. Que el número de cotizantes aumente en más de 60.000 también. Que entre el estruendo del bombo y los platillos se hurte la letra pequeña, esa que nos condena en los contratos con los bancos, en los de las compañías de móviles y también en el BOE, no lo es.

Es en esa caligrafía menuda donde se lee que el asalariado cada vez lo es por menos dinero y en peores condiciones. Y de ahí se deduce, a juzgar por los beneficios bancarios y los incrementos salariales de los directivos, que de la crisis no se saldrá más fuerte sino que los poderosos lo serán más y los débiles también. Si tanto se alardea de datos que se haga con todos. Por ejemplo con esa Contabilidad Nacional que refleja que en los dos años de gobierno de Rajoy se han destruido más de 570.000 empleos a tiempo completo. No debe ser casual que desde su discurso en el Debate sobre el Estado de la Nación (la nación de la que hablaba aún se desconoce) tres ‘zascas’ consecutivos hayan ensombrecido ese torrente de optimismo.

Uno que los salarios, según el Banco de España, bajaron el doble de lo que rezaban las estadísticas (una media del 2% en el ejercicio de 2012), que la economía creció menos de lo previsto y que, como antes se señalaba, el empleo de mediana calidad se ha ido al garete. Por tanto, es cierto que ha cambiado la tendencia del mercado laboral, tal y como asegura la ministra, pero a peor en cuanto a la dignidad en el empleo y a mejor cuantitativamente porque empeorar eso era ya casi imposible hasta para el presidente. Como por encima de los datos están las vivencias de quienes los padecen recordar aquí un emotivo texto de una compañera periodista que, tras quince años de estancia en España, cinco idiomas y una profesionalidad contrastada, confesaba que se iba de nuestro país, entre otras cosas, por no consentir que, con ese bagaje, le ofrecieran peor sueldo y condiciones que cuando era becaria.

Y así casi todo. Bajo el paraguas del ‘mejor eso que nada’, que cobija tanto a gobernantes como a corte mediática, se tratan de solapar las vergüenzas de una sociedad que ha retrocedido decreto a decreto, que se ha dejado por el camino poder adquisitivo y derechos y a la que, a golpe de castañuela, editorial y tertulia, se quiere hacer comulgar con ruedas de molino con innegable éxito. Todo hay que decirlo. Qué razón tiene Báñez cuando dice que el mercado laboral ya se ha dado la vuelta. En concreto al siglo XIX.

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