Esta semana he podido comprobar que existen muchos tipos de tintas. De tintas para sellos. He tenido que probar varias hasta encontrar la tinta adecuada que me sirviese para estampar sellos. Nunca algo me ha resultado tan difícil.
Resulta que existen tintas de secado rápido y otras que no se secan ni en tres días. Hay tintas que marcan mejor las líneas, otras que no se pueden usar para estampar dibujos y ser coloreados luego. Están también las tintas que llevan más cantidad de agua, otras que llevan más pigmento. Las que se pueden utilizar en tela o en papel. Y un sin fin de tintas, que creedme, solo te complica la vida un poco más.
Entonces he aplicado esto de las diferentes tintas a las personas. Y todo cuadra. Las personas son como las tintas: que las hay de toda clase. Que hay unas personas que marcan más que otras. Algunas personas solo sirven para hacer una sola cosa. Las hay quienes se llevan mejor con unas personas que con otras. O quienes solamente, en vez de dejar su marca, te emborronan la tuya. Las hay de colores, de bastantes colores, unas más intensas y otras más apagadas.
Las hay de esas que duran toda la vida a tu lado, y también las hay de esas que pasan por tu vida para quedarse solamente por un tiempo. Y todas ellas con nombres diferentes, y todas ellas difíciles de encontrar. A veces unas tienen lo que a otras les falta.
Así son las personas, y así son las tintas. La verdad es que la similitud es bastante grande y es por ello que me costó decidirme por la tinta que comprar. Al final he comprado tres. Tres marcas diferentes de tintas y cada una tiene una cosa buena. De una me gustan los colores, de otra la rapidez del secado, y de la otra la esponjosidad de su almohadilla y su extrema durabilidad.
Lo bueno de comprar tintas es que si una no te va bien, pues la deshechas. Solo habrás perdido el dinero. Pero con las personas es diferente, con las personas pierdes tu tiempo. Y el tiempo es más valioso que el dinero, por eso escasea tanto. El tiempo nos va consumiendo la vida. Sin embargo el dinero se puede perder y ganar consecutivamente. El tiempo no. Así que inviertes tu tiempo y tu vida con una persona, con esa persona que sabes “de buena tinta” que es la persona que esperabas toda la vida. Pero con el tiempo te das cuenta de que no es así. Y recurro a las tintas otra vez: Esa persona no es del color que realmente aparecía en la cajita que contenía la tinta. Tampoco estampa todo lo bien que decía. Además tarda mucho en secarse, por lo que el estampado termina por emborronarse. Y lo que es peor, no dura nada, la tinta se termina secando sin ser usada y al final no queda más que una cajita que era de un color que ahora está seco e inservible.
Y cuando pasa esto con las personas es triste. No es lo mismo que cuando pasa con la tinta, si se seca la tiras y compras otra. Con las personas no es así, y si una persona te falla sientes que todo se termina en tu vida, todas las ilusiones depositadas en esa tinta , de ese color, de esa marca, de esa calidad, se pierden. Y entonces te quedas ahí, muy quieta, con el sello que son tus ilusiones, sin estrenar siquiera, en las manos.
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