La decisión del Gobierno ruso que preside Vladimir Putin de ‘aceptar’ el resultado de referendum de Crimea, que supone la adhesión de la península del Mar Negro a la Federación rusa, es un tema que se añade a los recientes enfrentamientos entre Rusia y Occidente tras la crisis de Ucrania. Pero la cuestión de Crimea no es un problema más y ha despertado con más fuerza el recelo de Occidente, tanto de Europa como de Estados Unidos, por la todavía fuerte dependencia de las importaciones de hidrocarburos del gigante euroasiático. Si bien es posible que posibles sanciones económicas no logren objetivos concretos, los expertos si entienden que afectará al mapa energético europeo.
Europa ya reaccionó en las primeras crisis entre los dos grandes países de Europa, después que Gazprom cortase el suministro a Kiev por falta de pago, lo que se tradujo en problemas de suministro en Alemania y otros países del centro europeo. Para evitar otros efectos similares, Rusia construyó el gasoducto de Nord Stream por el Báltico, así como el Blue Stream en el Mar Negro, con lo que el país que preside Putin cuenta ahora con rutas diferentes, gasoductos que no pasan por Ucrania, pero, al mismo tiempo, Europa Central y Occidental dependen ahora menos de Rusia, ya que han logrado diversificar sus aprovisionamientos.
No obstante, Moscú sigue siendo un suministrador clave. Y más las naciones más próximas geográficamente. Un ejemplo, Finlandia depende al 100% del gas ruso, así como los países bálticos. Mientras, Chequia, Eslovaquia, Hungría y Polonia han solicitado a Estados Unidos que acelera las exportaciones de gas, ya sea a traves de GNL (gas natural licuado) como más adelante el gas de esquisto. Turquía e Italia son también otros clientes de primera de Rusia.
En este contexto, los expertos destacan que el poderoso sistema gasístico español, que es gestionado por Enagás, se convierte en una entrada alternativa por la que llega gas de Argelia, Nigeria, Qatar, es decir, desde África y Oriente Medio, aunque también desde Trinidad-Tobago. En total, pese a España cuenta con un elevado peso del gas argelino, tiene 11 naciones suministradoras.
España cuenta con seis plantas de regasificación, repartidas por el Mediterráneo, Atlántico y Cantábrico -uno de los países líderes después de Japón y Corea-, así como almacenes, estaciones y conexiones internacionales con Portugal, dos con Francia y dos con Argelia. Con este último país hay conexiones a través de Marruecos y otra a través del Mediterráneo.
No obstante una clave para que estas infraestructuras, que están ahora infrautilizadas por la caída del consumo en las centrales de ciclo combinado, sirvan como alternativa es el aumento de las capacidad de interconexión de España con la redes de gasoductos de Europa, a través de Francia. Actualmente la capacidad de transporte se eleva a 5.400 millones de metros cúbicos (bcm), que se elevará a 7,5 bcm en 2015. Pero el salto hasta los 14 bcm, según el sector, se puede dar si concluye el gasoducto que uniría la Península Ibérica con Francia a través de Figueres (Girona).
Por las plantas de GNL de España entra ya el 30% del gas licuado que llega a Europa y están elevando su actividad con infraestructuras de tránsito, en las que los barcos metaneros vuelven a recargar el combustible.
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