¿Las autonomías matan?

19/03/2014

Carmela Díaz.

autoAhora que venga el político de turno a explicarles a estos padres que las autonomías mejoran los servicios de los ciudadanos o que potencian el impulso necesario para el Estado del Bienestar. Sí, a esos progenitores cuya hija de ¡¡¡tres añitos!!! está muerta por cuestiones relativas a las competencias territoriales, las barbaridades burocráticas y las insensibilidades administrativas. Yo pago impuestos para que una niña enferma sea atendida diligentemente por la Sanidad pública de mi país, no para que la maten discutiendo acerca de qué Comunidad envía la ambulancia. Sin olvidar lo errado del primer diagnóstico, la posible negligencia médica, e incluso, un descuido en la coordinación del 112.

Y que tengan que acontecer tragedias como esta para que algunos se den cuenta del terrible error que supone transferir competencias como Educación o Sanidad a las autonomías… ¿Servicios públicos decentes u organización requeterritorial? ¿Salud o banderitas? Señor, señor…

Como española siento profunda vergüenza y tristeza de que en una emergencia en la que está en juego la supervivencia de un niño, sea prioritario echarse los trastos autonómicos a la cabeza antes que proporcionar auxilio inmediato a quien lo necesita. Lo excluyente daña: que una comunidad niegue a otra una ambulancia es de locos.

Ahora asistiremos al nauseabundo espectáculo en el que los responsables políticos se pasarán la patata caliente unos a otros con cara circunspecta y palabras hipócritas, huecas y vacías con el único objetivo de salvar su culo. O el de los suyos que lo importante es mantener la cuota de poder, por encima, si se tercia, de vidas humanas. Lástima que a Anne nadie pueda salvarla ya.

Carmela Díaz

Carmela Díaz

A todo esto ¿algún ciudadano -absténganse cargos públicos- puede enumerarme qué beneficios tangibles obtiene en su día a día de su Comunidad Autónoma? Porque cada vez crece en mí a pasos agigantados la sensación de que su único fin demostrado consiste en que los españoles de a pie paguemos más impuestos -como si no tuviésemos ya bastante con los estatales y los municipales- y como agencias de colocación de las formaciones políticas de todos los colores. Pero vamos, si alguien obtiene de ellas alguna utilidad, soy toda oídos.

Y ojo, que de la situación esperpéntica que padecemos somos culpables todos: los que por intereses personales -económicos o de poder- alimentan este monstruo y los que con nuestro silencio y pasividad lo consentimos.

Y no señores dirigentes, absténgase de tacharme de demagoga porque no pueda evitar dejar de preguntarme cuántos dolorosos recortes nos hubiésemos ahorrado en los últimos tiempos rebajando el estratosférico coste autonómico. 

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