Como uno dejó de creer en las casualidades poco después que en los Reyes Magos no debe serlo que las dos principales adalides de la política ‘punto de cruz’, es decir entendida como hobby, sean Cospedal y Botella. La primera dejó sin sueldo a los diputados castellano-manchegos y la segunda ha pretendido hacer lo propio con algunos concejales. Al calor del absoluto escepticismo sobre el papel del azar en estas cuestiones sólo recordar que la presidenta regional mora en flamante cigarral toledano, bien custodiado a cuenta del erario público, y la alcaldesa madrileña, por aquello de animar el mercado inmobiliario, estrenará mansión en la zona más lujosa de Marbella. Es decir que pese a que doña Ana acaba de alardear de reducirse el sueldo dos mil eurazos al año, para rebajarlo hasta cien mil, algo por encima del salario mínimo, parece ser que capacidad de ahorro sí que tiene para ciertos caprichos. En suma, para alejar la tentación de más circunloquios, ni la una ni la otra parece que tengan problemas para llegar a fin de mes.
Quizás desde ese desahogo económico bien se puede ejercer ese populismo de privar a los demás de su sustento. Otra cosa es que sea mucho o poco lo que se paga, pero ninguno de quienes se suben al carro del estiércol con el que se quiere enterrar la política trabajaría gratis de forma sistemática por muy vocacional que fuera. Y el ejercicio de lo público requiere esfuerzo y dedicación con todas las sonoras y mediáticas excepciones que se quieran. El simplismo de meter en el mismo saco a todos los políticos da para unos cuantos tuits pero no se ajusta a la realidad. Tampoco se ajustaba ese número de cientos de miles de cargos públicos remunerados que había porque simple y llanamente fue una mentira vistosa que corrió por las redes sociales sin que por ello se dejara de expandir. No es la primera vez que aludo a quien descolló como pionero en la defensa a ultranza de no depender económicamente de la actividad política con objeto de que se sopese la ideología que subyace.
Fue el desaparecido Jesús Gil y Gil quien, en una variante aún más delirante que la actual, decía que sólo se deberían presentar como candidatos los millonarios para evitar la tentación de que robasen. La gestión de él como alcalde al frente del Ayuntamiento de Marbella fue todo un ejemplo del éxito de sus premisas. Como todo el mundo sabe en su gestión brilló la honestidad y el buen hacer de su equipo. Ahora, al amparo de la crisis, se busca el guiño fácil. Mercancía barata que se vende bien a determinado electorado. Quitar el sueldo a representantes de los ciudadanos que tienen como obligación fiscalizar la gestión de un presupuesto superior a los tres mil millones de euros, como es el caso de Madrid, es menospreciar aún más el ejercicio de una tarea digna siempre que se ejerza desde la dignidad.
Mal está que, con el dinero de nuestros impuestos, se mantenga una cohorte de parásitos, pelotas, indocumentados e inútiles, pero tampoco parece muy acertado que, con estas prácticas, sólo pueda dedicarse a la política quien tiene los garbanzos asegurados ya sea por origen familiar, por negocios más o menos transparentes o porque tenga una plaza fija en la Administración. El problema igual no es tanto pagar como cumplir con aquello para lo que te pagan. Y aunque venda menos hay personas que lo hacen y que, como el resto, tienen la mala costumbre de comer todos los días. Y luego discútanse las condiciones. Ese es otro cantar.
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