Over the Raimbow

23/03/2014

Susana Ramírez.

Era increíble la facilidad que tenía para hacer reír a los demás. Podría decir que la luz que desprendían sus ojos era tan potente que nos deslumbraba a todos en cuestión de minutos. Nos iluminaba los corazones.

Su edad era muy corta. Apenas rozaba los 10 años, sin embargo parecía haber vivido más cosas, incluso más vidas que el resto de nosotros. Él hablaba con la voz, pero también con sus ojos y con sus manos. Sus gestos hacían que fuese imposible quitarle la vista de encima. Nos tenía cautivados y enamorados.

Aún así este era el último año de su vida. Eso nos dijeron los médicos. Eso le decían a él: “te quedan apenas 4 meses , juega como un niño, ríe como un niño y sobre todo llora como un niño”. Sin embargo el pequeño poco caso hacía. Seguía haciendo reír a los niños que se morían como él, seguía gastando bromas a las enfermeras, y a los adultos que iban a visitarle.

En definitiva era un niño lleno de vida que se moría. Decía que se estaba preparando para el viaje, que quería morir feliz porque al menos disfrutaría del tiempo que le quedaba para ir al otro lado. Así le llamaba él: el otro lado. Tenía la sensación de que existía otro lado, otro lugar donde ir y prefería ir con sonrisa, y también quería que los demás niños llegasen a ese otro lado sonrientes y felices.

El día que cayó muy enfermo, que ya no podía levantarse de la cama, seguía sonriendo. Su mamá le tenía la mano cogida y él la miraba sonriendo dulcemente. Parecía que se estuviese preparando para montar en la montaña rusa –decía su madre-. Se le veía feliz, como esos niños que se suben en un avión por primera vez, que se les nota la ilusión en los mofletes. La madre aguantaba las lágrimas. El niño pidió que sonase en la sala una canción,  y desde el ordenador la buscaron : Over The Rainbow. Era una canción instrumental que a él le encantaba.

Y con esa canción de fondo se despidió de todos. En su cara había una sonrisa enorme. Los padres lloraron, sus hermanos se quedaron muy quietos frente a la cama que parecía un arcoiris enorme por donde el pequeño ahora se deslizaba hacía ese otro lado. De repente la canción volvió a sonar mientras tapaban al niño con la sábana. Los enfermeros decían que jamás vieron una sonrisa tan verdadera en un niño que había muerto de una enfermedad tan jodida y larga.

Ahora en ese hospital se escucha a veces esta canción solamente para dar ánimos a todos esos niños que luchan contra la enfermedad. En la sala de juegos hay una gran fotografía del pequeño que convirtió una muerte agonizante en una fiesta de sonrisas. Ahora, si llegas hasta la sala de ese hospital puedes ver una sonrisa en los niños cuando se quedan mirando fijamente aquel retrato de un niño que desprendía luz y vida y que se alejó de aquí sonriendo y subido en un enorme arcoiris.

 

 

 

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