En el último informe mensual de Banca March, la directora de su Servicio de Estudios, Rose Marie Boudeguer, explica magistralmente la burbuja del tulipán que tuvo lugar en la Holanda del siglo XVII. Su explicación termina con “una nota optimista”: “Siempre nos quedará la esperanza de sacar algún provecho de nuestros errores”. Aunque, inmediatamente después, se pregunta: “¿Esperanza o quimera?”.
El magnífico análisis de Boudeguer sobre los tulipanes enlaza con una idea de Georges Santayana que aparece en su obra “Life of Reason”: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”.
Sucesos como los bitcoin o las advertencias sobre la burbuja en la salida a Bolsa de redes sociales demuestran que casi nunca se aprende de la historia.
La verdad es que en la Holanda del siflo XVII se produjo “una euforia especulativa difícil de explicar en un país cuyo pueblo tiene fama de prudente y austero”. Lo que permite a la directora del Servicio de Estudios de Banca March subrayar que “los fenómenos insólitos responden generalmente a circunstancias que se entremezclan y que promueven conductas excesivas”.
En el caso de Holanda, se produjo una fase de gran prosperidad económica que parecía eterna (como en la etapa de vino y rosas que vivió la España del ladrillo antes de que se derrumbara como un castillo de naipes en 2007), Y aparecieron «unos financieros que inventaron el mercado de derivados financieros» (la ‘banca en la sombra’ que ha aflorado en la crisis actual).
Además, “el dinero era abundante y se multiplicaba, la riqueza se respiraba en el aire”, cuenta Boudeguer. Parece que la directora del Servicio de Estudios de Banca March no está describiendo la Holanda del siglo XVII, sino la España donde el grifo del crédito era un torrente.
La fiebre por los tulipanes,se convierte en epidemia cuando no se especula con las plantas sino con los bulbos. Así nació el contrato de futuros, que se firmaba ante notario. El resultado es que se vendían tulipanes (o la promesa de que el bulbo se convertiría en él) todos los días del año. Y sólo había que depositar una pequeña parte de la inversión total.
“Y llegó el momento en que ya no se intercambiaban bulbos sino que se especulaba mediante la compra y venta de contratos de futuros. Hubo gente que cegada por una reventa de importe superior, llegó a pactar el futuro pago de los bulbos con la garantía de propiedades y posesiones. Los compradores se endeudaban y se hipotecaban”, explica Boudeguer. “Se conservan registros de ventas absurdas: las variedades más raras se vendían a cambio del salario de siete años de un artesano bien pagado. En 1623 un solo bulbo de alta gama podía llegar a valer 1.000 florines, cuando un trabajador holandés tenía unos ingresos medios anuales de 150 florines”, argumenta.
Sin llegar a esos extremos, en el boom previo a la crisis que estamos sufriendo, los ciudadanos y las empresas se sobreendeudaron, con hipotecas concedidas al 110% del valor de tasación de la vivienda (ya de por sí sobrevalorada).
Los holandeses más prudentes llamaban ”windhandel” (negocio de aire) a este comercio de contratos. Pero había quien especulando con diez bulbos lograba el equivalente al salario de un año. En esas condiciones, ¿para qué trabajar? Es mucho más rentable especular.
El 5 de febrero de 1637 un lote de 99 tulipanes de gran rareza se vendió por 90.000 florines. Fue la última gran venta de tulipanes. Al día siguiente se puso a la venta un lote parecido a un precio menor sin encontrarse comprador, y estalló la burbuja.
Una explosión de manual: precios que caen en picado, todos venden y nadie compra, no hay forma de recuperar la inversión, y las quiebras se sucedieron.
¿Hemos aprendido la lección? No creo, porque el ser humano es el único animal que tropieza más de dos veces con la misma piedra. Como se comprueba con las burbujas que se han producido desde entonces (copio la lista de una interesante obra de Self Bank): la Compañía de los Mares del Sur (1720), los ferrocarriles (1847), el crac de 1929, la crisis del petróleo de 1973, el desplome de la Bolsa el 19 de octubre de 1987, la tecnológica (1999) y la actual. ¿Cuál será la próxima?
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