Hay días en los que al mercado no le gusta nada y lo hace saber. Comenzó la sesión entre dos fuertes sentimientos. El bajista procedente del mal cierre de Wall Street el viernes y el alcista procedente de la subida de los mercados asiáticos. Y Europa se decantó por seguir la estela de los americanos.
Primero fue de una forma tímida y tras conocerse el mal dato del PMI alemán, de forma absolutamente descarada. Hace tiempo que se sospecha que la locomotora alemana ha perdido buena parte de su potencia y el PMI no ha hecho sino corroborar esta impresión con resultados por debajo de las previsiones, que ya eran pesimistas.
Y lo que pasa cuando el Dax se despeña es que no hay forma de contener la hemorragia en los mercados de la Eurozona. A lo largo de toda la mañana costó Dios y ayuda no perder la compostura y algunos esperaban a la apertura de Wall Street como una suerte de bálsamo de fierabrás que todo o cura. Pero Wall Street abrió a la baja y dio al traste con el último intento de resistencia, aunque solo fuera psicológico.
Una vez más se comprobó que los mercados europeos están para pocas bromas y que no hay demasiada confianza en el devenir inmediato de la Eurozona. Y no olvidemos que tenemos una tensa situación en Ucrania que en cualquier momento puede hacer saltar de nuevo la chispa.
Al cierre, el Dax perdió un 1,65%, el FTSE un 0,56%, el CAC un 1,36 y el Ibex un 1,39%
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