La excusa más a mano que han encontrado han sido las ventas de coches, en su mejor nivel desde 2007, lo que es unánimemente señalado como una señal clara de mayor confianza del consumidor. Y también se subraya que los precios de las casas siguen repuntando, dando por concluida una crisis inmobiliaria que estuvo en la génesis de toda la crisis macroeconómica.
Con estos ingredientes, El S&P 500 cerró con un nuevo máximo histórico y el Dow Jones sobrepasó la línea que nos lleva a maltraer desde hace tiempo, quedando a tiro de piedra de batir también sus máximos históricos. Hubiera sido mejor que la ruptura se hubiera producido con un buen volumen, pero no se puede tener todo en esta vida y el volumen no pasó de discreto, en especial en el Dow Jones.
La corriente de fondo parece positiva y las palabras de Yellen aún retumban por cada rincón de Wall Street como una especie de mantra mil veces repetido para convencerse de su bondad, pero como siempre todo está sujeto a que el dato de empleo del próximo viernes sea del agrado del mercado. El problema es averiguar qué es del agrado del mercado
Ente tanto, confiemos en que el fondo de mercado sea mejor que la apariencia enfermiza que tenía unos días atrás. Al cierre, el Dow subió un 0,46%, el S&P 500 un 0,70% y el Nasdaq Composite un 1,64%
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