Europa y FMI, pendientes de las medidas que pueda tomar el BCE contra la baja inflación

02/04/2014

Maite Vázquez del Río. Con unos tipos de interés tan bajos en la eurozona, una de las pocas soluciones que quedan es la compra de bonos, una medida "no convencional" al estilo estadounidense.

La caída de los precios en la mayoría de los países de la eurozona está sembrando de preocupación a los gobiernos comunitarios e, incluso, a los responsables del FMI, por el riesgo que supone para el ansiado crecimiento económico y la creación de empleo.

Evidentemente, cada país tiene sus preferenicias, aunque los más acuciados por el problema podrían ser España e Italia, cuyos dirigentes políticos han pedido abiertamente al presidente del BCE medidas que frenen la caída de la inflación.

En la víspera de la reuón del consejo de gobierno de la autoridad monetaria europea tambien se ha sumado a estas peticiones la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, quien ha advertido a Mario Draghi -como si no lo supiera- de que un periodo prolongado de baja inflación puede acabar con la demanda y la producción. La consecuencia de estos dos factorse sería eliminar el crecimiento económico y la creación de empleo.

La inflación, en el 0,5%

La inflación de los países de la eurozona se encuentra en el 0,5%, muy lejos de ese 2% marcado desde Maastricht como porcentaje ideal para el buen funcionamiento de la economía de la región. Un problema con el que se lleva cargando desde hace medio año, esperando que el crecimiento termine de repuntar y adquiera velocidad de crucero.

Pero estamos hablando de porcentajes medios, porque en países como España la tasa ya es negativa. La fortaleza del euro frente al dólar, además, viene a complicar aún más la situación, ya que impide que los precios suban. La olla cada vez tiene más presión sobre el BCE, que en sus últimas reuniones parecía esperar un milagro. Y su presidente, erre que erre, consideraba que el riesgo de deflación aún quedaba lejos, mientras su independencia frente a las presiones quedaba intacta.

Ahora España, Italia, FMI, la propia Comisión Europea y gran parte de los analistas reclaman a voces la intervención del BCE con nuevas medidas que atajen este nuevo problema de la economía economía europea. Por tanto, los países más débiles políticamente en las altas instancias europeas podrían haber encontrado un gran número de aliados.

Frente a estos argumentos, a Alemania parece complacerle la situación de la inflación -uno de sus peores temores es una alta inflación.- o incluso estará presionando para que los tipos de interés suban, lo peor que les podría pasar a los países con muy baja inflación. Por ello, Draghi solo tiene como aliado a Angela Merkel, mientras el resto de los líderes europeos no terminan de asentarse, ya sea porque acaban de llegar (como el italiano Matteo Renzi), deben bastantes favores (los rescates de Grecia, Irlanda, Portugal o España) o porque están a punto de pasar por las urnas para conseguir un puesto (hasta Oliver Rehn abandonará su cargo para presentarse a las elecciones europeas).

Algunos de los responsables del BCE, como su vicepresidente Vitor Constancio, todavía confían en que se aleje el fantasma de la deflación, mostrándose convencido que la situación comenzará a revertir a partir de este mes de abril, una vez que comience a afianzarse la recuperación. Solo esperan que no aparezcan otros factores para que esa recuperación no se trunque.

Aviso para navegantes

Así las cosas, los representantes políticos de los países más afectados por la baja inflación ya están hablando de las posibles consecuencias. En Italia alertan sobre el problema que supone una baja inflación para el ajuste de la deuda, lo que podría perjudicar el crecimiento de la eurozona.

En el caso del ministro español de Economía, Luis de Guindos, la situación hara «actuar» al BCE, porque pese a que no hay problemas de deflación, lo cierto es que hay «una inflación muy reducida». Y por sacar algo positivo de esta caída de precios, De Guindos destacó su contribución a la moderación salarial. En el lado negativo, el ministro español puso también las dificultades que supone a los países endeudados, como también ha denunciado el comisario de Asuntos Económicos, Olly Rehn.

También la directora generente del FMI considera que hay riesgo de deflación. Lagarde aconseja al BCE que dé «más relajación monetaria» a la eurozona, aunque ello suponga adoptar «medidas no convencionales» a fin de facilitar la estabilidad de precios.

Posibles soluciones

El BCE cuenta con instrumentos para revitalizar la inflación, aunque no muchos. Con los tipos oficiales tan bajos (0,5%), una de las pocas salidas que le quedan es comprar bonos. Tiene como ejemplo la política de estímulos realizada por la Fed durante más de un año. El problema es que esta medida requeriría de un amplio consenso, además de que con los exámenes de estrés tan cercanos podría distorsionarse los balances de los bancos europeos.

 

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