La fusión de las dos grandes cementeras del mundo -la francesa Lafarge y la suiza Holcim- para crear el líder indiscutible del sector va a tener unas sustantivas repercusiones en Europa, en donde se deberán registrar entre el 60% al 70% de las desinversiones necesarias para que la operación logre el beneplácito de las autoridades de la competencia, en total unos 5.000 millones de euros. El grupo, que nacerá con la compra de Lafarge por Holcim, facturará más de 32.000 millones de euros.
Si bien Lafarge y Holcim inician la operación con el anuncio de desinversiones, éste será uno de los puntos más difíciles de la transacción, ya que, incluso antes de este anuncio, la UE ha tenido en el punto de mira al sector por posibles pactos para la fijación de precios.
La repercusión en España, en donde ambas compañías están presentes, va a tener lugar en una etapa en la que las grandes compañías del sector -entre las que también están Cemex y Portland Valderrivas- buscan una reestructuración de sus activos, que pasaría por acuerdos entre las empresas implicadas para que el número de plantas quede adecuado a la fuerte caída del consumo. Si bien en casi todas las compañías ya se han registrado expedientes de regulación de empleo (ERE), así como reducciones salariales, el sector quiere dar un paso más, según fuentes consultadas.
Holcim y Lafarge cuentan con nueve instalaciones repartidas entre Cataluña, Valencia, Castilla La Mancha y Andalucía.
Por su parte, medios del sector estiman que la fusión no será negativa para Cemex, ya que se trataría de una continuación de los intercambios de activos, fusiones y adquisiciones que se han visto en Estados Unidos y Europa recientemente.
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